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La
vuelta al mundo en bicicleta
CONOCIENDO
SHAKALAND: TIERRA ZULU
Sudáfrica
es un país sorprendente por su variedad de culturas, costumbres
y rostros. En Shakaland es posible volver al tiempo atrás. Los
zulúes viven como en el siglo XV y mantienen intactas sus costumbres.
Aún siguen aferrados al pasado glorioso del imperio que formó
Shaka Zulu, y allí fui yo a conocerlos.
La
semana que viene cumplo tres meses pedaleando por Sudáfrica. Llegué
a Ciudad del Cabo con mi bicicleta el 1º de Octubre y desde entonces
nunca abandoné. Dejé atrás Cape Town y también
Oudtshoorn, donde cabalgué sobre un avestruz.
En los caminos y en cada pueblo conozco a muchas personas de gran hospitalidad,
que me invitan a comer en sus casas o me ofrecen agua y fruta. La ruta
tiene muchas pendientes y eso a veces me retrasa, pues el equipaje que
cuelga de mi bici pesa más de 60 kilos, pero vale la pena.
Ahora
me estoy yendo de la tierra de los zulúes, provincia de Kawa Zulu
Natal, donde viví la última semana. Poco a poco, progresivamente,
voy regresando a nuestro siglo. Viví en un pueblo de zulúes
que mantienen las mismas costumbres de cuando los europeos llegaron a
África. Dan a sus hijas en casamiento a cambio de ganado, practican
la hechicería y siguen hablando con admiración y misticismo
de Shaka Zulu. Porque Shaka Zulu fue quien les dio una identidad y un
pasado glorioso, y eso parece ser casi lo único que les queda en
la actualidad.
El
pueblo zulú se expande en la provincia que lleva su nombre: Kwazulu
Natal, y en algunos lugares se puede sentir como si uno formara parte
de la historia. Aún viven en chozas, visten sus ropas hechas de
pieles de animales y mantienen sus más antiguas costumbres.
Shakaland
es una aldea donde viven más de 50 indios, de los cuales muchos
de ellos aún utilizan el click sound (sonidos que constituían
su antigua forma de comunicación). Enock era uno de los pocos que
hablaba inglés y con quien estuve varios días aprendiendo
acerca de su gente.
Me contaba
que todavía, antes de casarse, el hombre debía pagarle al
padre de la novia un determinado número de vacas. Según
sus costumbres, 11 vacas si la mujer no tiene hijos y si así fuese
1 vaca menos por cada hijo que tuviese. Pero ¡cuidado!, si la elegida
fuese la hija del jefe de la tribu su precio podría superar las
30 vacas. Según la tradición el hombre zulú no compra
a su esposa, sino que compensa a su padre por el esfuerzo de su educación
y por la pérdida de su trabajo, ya que la mujer dejará la
casa. Pero ella aún puede elegir a su marido, no está obligada
a casarse si así lo desease.
Su deber
antes del casamiento es alojarse en la casa de sus futuros suegros para
servirlos por una semana. Una vez casada la mujer tiene su trabajo. Aunque
no se le permite trabajar al igual que al hombre, le corresponde la tarea
de cuidar los cultivos, juntar leña e ir a buscar el agua. Sus
casas no poseen luz, gas ni agua.
El
jefe de la tribu, respetando la tradición, vestía una piel
de leopardo que, según me contó en su pobre inglés,
él mismo mató. También me decía que a pesar
de sus dos esposas vive solo, pudiendo llamar a una de ellas cuando así
lo desease.
Según
Enock, algunos jefes de familia superan los 50 hijos y poseen varias esposas.
La poligamia por estas tierras no está mal vista. El hombre zulú
puede casarse con cuantas mujeres pueda, proporcionalmente al número
de vacas que posea. Si tiene muchas vacas y sólo una esposa, su
virilidad podría cuestionarse. Cuantas más esposas tenga,
mayor será el respeto que obtendrá de su tribu.
Cuando
conversé con las mujeres del jefe, ambas me aseguraron recibir
el mismo trato de parte su esposo. Cada una de ellas viven en casa propia
donde crían a sus hijos, tienen su propio campo para los cultivos
y sus vacas.
Así,
el gran jefe, mientras se esforzaba en explicarme los secretos de sus
costumbres, trataba de saber si mi familia poseía ganado, por el
cual estaba dispuesto a entregarme una simpática y robusta zulú
y me aseguraba una linda choza para vivir junto a ella el resto de mis
días.
La
gente zulú no tiene templos ni altares, tampoco sacerdotes. Creen
en la brujería y en el mal de ojo, así como en Unkulunkulu
(Dios). Hacen sacrificios a los espíritus de sus antepasados a
cambio de protección y de salud. Piden por nacimientos, casamientos
y funerales, así como por lluvias, cosechas y cultivos.
Enock,
el guía, me contaba que según sus creencias el alma vive
en el mundo espiritual de Unkulunkulu pero tiene su segunda casa con sus
familiares. Cuando una familia se muda, viejos rituales deben ser utilizados
para calmar el alma a su nuevo domicilio, ya que los ancestros son considerados
como ángeles guardianes.
EL SANGOMA
Caminando
por la aldea me topé con un indio disfrazado con ropa y peluca
coloridas, luego descubrí que era el brujo al que llaman Sangoma.
El Sangoma es una persona de gran sabiduría. Revela el pasado y
pronostica el futuro. Trata enfermedades, problemas de amor y atiende
cuestiones espirituales. Para sus trabajos utiliza hierbas, raíces,
cortezas de árboles, piel de víbora y parte de animales
muertos, entre otras cosas.
Esa misma
tarde me senté en su choza. El Sangoma hizo una ceremonia para
darme protección. Tomó varias hierbas junto con algunas
piedras, las abrió sobre el piso, y entre súplicas en zulú
a Unkulunkulu abanicó mi cabeza con su gran plumero de pelos de
elefante. Y pidió por mi viaje.
Yo, que no creo mucho en la brujería, sólo atiné
a bajar la vista, crucé mis manos y le pedí a nuestro Dios
que así sea.
DATOS ÚTILES:
CUÁNDO
IR
Shakaland es una aldea que se puede visitar en cualquier época
del año. Por su clima subtropical, el verano es la época
de lluvias, pero en esta región no son tan fuertes como para afectar
la visita.
CÓMO
LLEGAR
De Durban tomar un bus a Eshowe (Baz Bus), son 170 km y cuesta 10 u$s.
En Eshowe es posible alojarse en el Zululand Backpackers, 5 u$s la noche,
y de donde se está a 18 kms. de Shakaland. El mismo albergue posee
transportes para los lugares que se quieran visitar. Graham es una de
las personas que conoce bien todos los alrededores. Mail: eshowe@zululand.co.za
- www.eshowe.com
RECOMENDACIONES
- En la aldea no
es posible alojarse pero junto a ella hay un amplio complejo hotelero
Protea Hotels. Cierto es que quita gran parte de la esencia del lugar,
donde su gente vive como en el pasado, pero vale la pena dormir una
noche y pagar sus 50 u$s por persona y así poder apreciar sus
danzas tradicionales con fuegos y bombos.
- También
vale la pena desde Eshowe visitar otra comunidad que no tiene por detrás
el "circo" preparado para el turismo. Son zonas rurales y
más reales. Se puede visitar su única escuela y también
pasar algunos días en dicha comunidad. Algunas casas tienen cuartos
para ofrecer que carecen de luz, gas y agua, y el precio es de 6 u$s
con comida típica incluida.
- Llevar repelente
es bueno, para ambos lugares, aquí siempre hay mosquitos, y de
los grandes.
Pablo
García
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