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Grand
Cayman, Cayman Brac y Little Cayman, tres islas minúsculas
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Por
Cecilia Lutufyan |
Encerradas
entre Cuba y Jamaica, pueden, a la vez, satisfacer las necesidades de
los más pretenciosos y convencer a los más escépticos de que existe un
Edén en la Tierra.
Algunas
personas sostienen que el concepto de paraíso pertenece al ámbito de las
utopías y que, como tal, no tiene ubicación geográfica en este mundo.
Otras suelen asociar el término a extensas playas vírgenes de arena
blanca, agua turquesa y palmeras. Por último, los más pretenciosos lo
definen como una combinación de encantos naturales y ciertas comodidades
de la vida urbana. Grand Cayman, Cayman Brac y Little Cayman, tres islas
minúsculas encerradas entre Cuba y Jamaica, pueden, a la vez, satisfacer
las necesidades de los más pretenciosos y convencer a los más escépticos
de que existe un Edén en la Tierra.
Una estadía por las islas
A lo largo de la West Bay Road, ruta que recorre la parte occidental de
Grand Cayman, están ubicados los principales shoppings, los hoteles de
primera categoría -como el Hyatt Regency, el Westin Casuarina Hotel o
el Marriott Hotel & Beach Resort- y varios condominios, dos de ellos -SafeHaven
y Villaje of Britannia- con cancha de golf de 18 hoyos. Las habitaciones
y los lujosos departamentos están a metros de Seven Mile Beach, una playa
de cinco kilómetros de arena blanca bañada por un mar de color turquesa
intenso en el cual se pueden practicar deportes como el windsurf o el
ski acuático, o navegar en una replica de galeón español del siglo XVII.
Cuando cae la carde, la barra en la pileta del hotel invita a una copa
de Cayman Rock, a base de ron, jugos naturales, gin y granadina. Ya entrada
la noche, se puede complacer el paladar con un plato típico caymanino
como
el exquisito guiso de tortugas. Este plato se prepara únicamente con la
carne que proviene de las tortugas pequeñas criadas en una granja -que
vale la pena visitar- situada en West Bay, al norte de Grand Cayman. Allí
se procesan cerca de 8.000 tortugas al año y el resto son liberadas al
mar junto con las 25.000 que ya viven en su hábitat natural.
Antes que los españoles se lanzaran a explorar nuevos mundos, las tortugas
marinas eran los únicos habitantes de las islas. Hasta principios del
siglo XX, estos animales, junto con la construcción de barcos y la confección
de sogas para exportación, representaban el principal sustento económico
de los caymaninos. Después, fueron declaradas en peligro de extinción
porque los hombres salían a cazarlas en pequeños barcos de madera llamados
catboats.
La belleza oculta del mar
El mar, luego de 150 años de proveer trabajo y alimentos, sigue siendo
uno de los principales recursos del archipiélago. La cara sumergida de
las islas se ha convertido en uno de sus atractivos más importantes.
Bajo el mar, Cayman encierra un mundo exótico de animales y plantas de
todos los tamaños y colores. Un mundo de vida y belleza oculta que es
descubierto con la misma sensación de quien abre por primera vez los ojos.
La visibilidad de más de 30 metros y la calidez de las aguas que rodean
a las islas prometen una experiencia única que incluye deslizarse entre
extrañas formaciones de corales, rozar peces multicolores, descubrir rincones
de algún barco hundido y sentir el vértigo de una pared submarina de más
de 2.000 metros de profundidad.
En total hay 237 zonas para sumergirse, y cualquier momento del día es
apto para hacerlo, incluso la noche. Si no se posee carnet profesional
se puede optar entre hacer un curso completo de 5 días (con certificación
y carnet incluidos) o, en caso de no disponer de mucho tiempo, tomar un
resort course de medio día y sacarse el gusto de penetrar en las profundidades
del mar de la mano de un instructor.
Stingray
City es el lugar de reunión de una colonia de rayas del Atlántico Sur
y por esta razón se ha convertido en la excursión favorita para la práctica
del buceo y también del snorkelling. Con mucha precaución para no dañarlas,
se puede tocar la piel aterciopelada de las dóciles manta rayas que se
acercan a los cuerpos de los buzos en busca de alimento, que están acostumbradas
a recibir. Para quienes prefieren no mojarse, un submarino con espacio
para 48 personas ofrece la posibilidad de admirar toda la riqueza marina
desde asientos muy cómodos y a 30 metros de profundidad.
El estilo inglés de Georgetown
Antes de emprender esta aventura se puede recorrer a pie Georgetown, la
capital de Grand Cayman, uno de los centros financieros off-shore más
importantes del mundo, con 30.000 compañías financieras y 570 Bancos de
los cuales sólo 108 tienen instalación física. Georgetown es una pequeña
ciudad de calles recientemente bautizadas, que mantiene un estilo arquitectónico
de casas bajas con pequeñas barandas al frente pintadas en colores pastel.
Para no alterar el paisaje, un decreto oficial dispuso que los edificios
de la capital no pueden superar la altura de las palmeras más altas. Esta
regla y muchas otras costumbres, como la de manejar por la mano izquierda,
incluir un plato de riñones en el desayuno y recordar siempre los buenos
modales, reflejan el estilo inglés que los caimaninos exhiben con orgullo
desde que decidieron permanecer como colonia británica, luego de independizarse
de Jamaica en 1962.
Al atardecer, Rum Point, uno de los rincones más espectaculares de Grand
Cayman, convoca a un paseo en catamarán o a dejarse llevar sobre una
colchoneta por las suaves ondas del mar teñido de anaranjado. Nada más
parecido al paraíso terrenal.
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