Marítimas.
Elegantes. Recortadas. Modernas. Antiguas. Rocosas. Sofisticadas.
Naturales. Antibes, Cannes, Mónaco, Niza, ciudades de La Costa
Azul con diversas facetas dignas de conocer y posibles de
descubrir en menos de una semana.
Sólo
140 km de la costa francesa tienen la suerte de tocar el
Mar Mediterráneo, y miles de personas son las afortunadas
que toman sol y se refrescan en sus aguas. Sobre estos kilómetros
y otros tanto de la Costa mediterránea Italiana se levantan
muy diversas ciudades conocidas como los balnearios más
sofisticados y elegantes del mundo.
Cómo
recorrer la costa
Estas
ciudades podrían recorrerse en auto con la ventaja de hacer
todos las paradas que se le ocurra al turista, pero con
la desventaja de no poder viajar, por momentos, a metros
del abismo del mar mediterráneo como sucede cuando el recorrido
se hace tren. Las vías parecen bordear los acantilados y
uno se siente suspendido en el aire. Cuando entran en un
túnel cavado en las montañas alimentan la curiosidad, y
cuando salen, sorprenden con profundos azules recortados
por rocas y salpicados de espuma.
El tren
presenta otra ventaja que: La cercanía de las ciudades entre
sí hace que el viaje entre una ciudad y otra no supere la
hora. En consecuencia, los viajeros pueden optar por dormir
en una ciudad distinta cada noche. Los trenes funcionan
regularmente y en cada estación se detallan sus horarios.
NIZA
Niza
es, probablemente, la ciudad más apropiada para utilizar
de base.
En
primer lugar, porque geográficamente se encuentra en el
centro de la Riviera dejando a ambos lados las ciudades
turísticas imperdibles: al Oeste, Antibes y Cannes; al
este el principado de Mónaco y la ciudad Italiana, San
Remo.
En
segundo lugar, porque el presupuesto que se necesita en
esta ciudad es intermedio también. Los alojamientos más
económicos se ubican cerca de la estación ferroviaria
a una 12 cuadras de la costa. La variedad del alojamiento
abarca desde albergues juveniles hasta hoteles cinco estrellas
ubicados sobre la rambla.
Dónde
dormir
Recomiendo
escoger algún hotel que quede cerca de la estación para
no perder tiempo viajando cada vez que se decide visitar
un nuevo balneario. Por esta zona, los cuartos dobles
van de U$S 20 a U$S 40 según las comodidades que ofrezcan.
Playas
A la
hora de planear el recorrido, lo primero que hay que saber
sobre Niza es que sus playas no son su único encanto;
lo segundo, por si el plan era: "me voy a tirar a tomar
sol", en la costa no hay arena sino piedras ovaladas entre
2 cm y 10 cm de diámetro. Así que si la idea era sólo
ir a la playa, asegúrese de llevar una buena colchoneta.
La
Rambla
Para
comenzar a descubrir esta ciudad no hay nada mejor que
tomar la rambla desde Av. Gambetta y bordear la costa
hasta llegar a la Vieux Nice (Niza Antigua). Si estos
dos kilómetros resultan demasiado largos para hacer de
un tirón, hay que confiar en que siempre habrá una cómoda
silla al sol o bajo la sombra en alguna confitería, frente
o sobre la rambla, dispuesta a ayudarlo a descansar mientras
admira la quietud del Mar Mediterráneo.
Consejo:
Mientras camina por la rambla recuerde mirar de vez en
cuando los edificios que gozan de la mejor vista. Entre
ellos encontrará el Hotel Negresco, un ejemplo de la Belle
Epoque que aún perdura intacto.
Viuex Nice
Una
vez en Viuex Nice se puede recorrer más de media docena
de iglesias barrocas diseminadas por sus diminutas y recortadas
calles, visitar la Opera, caminar por el mercado de flores
o el mercado de antigüedades o subir a la Colina del Castillo
para encontrarse con las ruinas de una Catedral del siglo
XI y la antigua historia de Niza, entre ella, el origen
de su nombre. Si no hay apuro para enriquecerse académicamente,
la colina también es una visita muy recomendada como vista
panorámica de la ciudad. Y si todavía queda energía, del
otro lado de la colina, donde nace otra bahía, el puerto
espera ser recorrido y los yates, admirados.
Paseo
Ruso
Tierra
adentro (a unas 20 cuadras del mar) puede visitarse la
catedral Rusa, una de las muestras del paso de los Zares
Rusos que habitaban esta ciudad para recrearse y escarpar
a sus crudos inviernos. Gracias a esas vacaciones hoy
se pueden admirar construcciones del siglo XIX como la
Catedral y el Palacio Valrose, ahora la facultad de Ciencia
de la Universidad de Niza y el actual Museo de Bellas
Artes.
Museos
Crease
o no, junto con las playas codiciadas, se encuentran museos
de relevancia mundial que pueden resultar si no tentadores,
al menos útiles para descansar de la supuesta arena. A
sólo cuatro cuadras de la rambla se encuentra el Museo
de Bellas Artes donde se exhiben obras de los pintores
Fragonard, Monet, Sisley, Bonnard y Degas y esculturas
de Carpeaux y Rodin. (Abierto de martes a domingos de
10 a 12hs y 14 a 18hs. Entrada: U$S 3.5, estudiantes U$S 2.)
En
el centro de la ciudad, a unas 15 cuadras de la estación
de tren, se encuentra el Museo Nacional de Marc Chagall
donde se exponen sus obras.
Si
aún existe espacio para un museo más, 20 cuadras separan
al Museo Marc Chagall del Museo Matisse (El Boulevard
de Cimiez une ambos museos).Y si después de visitar el
Museo Matisse todavía no está satisfecho, unos metros
lo separan del Museo de Arqueología y del Monasterio Franciscano.
Por
la noche
A la
noche el paseo obligado está cerca del mar. Por la calle
peatonal Masséna se puede recorrer la feria de artesanos
y comer al aire libre. La especialidad de la cocina es
un popurrí de platos que va desde los mariscos hasta especialidades
africanas, asiáticas e italianas. La misma peatonal conduce
al Vieux Niza donde se puede terminar la noche, o la madrugada,
con un poco de música.
MONACO
El
Palacio del Príncipe
Cuando
después de llegar a la estación se dirija a la colina
que se levanta a un par de metros, Subiendo por la rampa
se encontrará con el Palais Princier, el famoso y concurrido
cambio de Guardia y una pequeña ciudad de pasajes recortados
invadidos de turistas a punto de comprar remeras, mochilas
banderas azules con la siguiente inciña en letras doradas:
Mónaco.
Si
el cambio de Guardia es una prioridad esté listo para
cuidar un buen lugar por unos 20 ó 15 minutos antes del
medio día, hora en que los guardias, de punta en blanco,
harán el cambio. El palacio se puede visitar siempre y
cuando el príncipe no esté, es decir cuando no esté izada
la bandera. Pero si ese día el príncipe ha decidido permanecer
en su humilde hogar no se desespere, hay otras maravillas
por ver.
La
Catedral 
Unas
cuadras más abajo se encuentra la catedral. Allí yacen
los antepasados de la familia real, entre ellos, la princesa
Grace Kelly cuya tumba se encuentra detrás del altar.
La entrada a la catedral es gratuita y está abierta de
9.30 a 12.30 y de 13.30 a 16.30.
Los
Jardines
Frente
a la catedral se extiende el Jardín Saint Martin. Creado
por el príncipe Alberto, este jardín contiene una colección
plantas tropicales interrumpidas, esporádicamente, por
esculturas como la del propio príncipe Alberto admirando,
junto con los turistas, la vista al mar mediterráneo.
La entrada a este jardín es gratuita pero no así la de
el Jardín Exótico que contiene una colección de más de
6 000 especies en su mayoría de origen africano y mexicano
(entrada U$S 5 adultos y U$S 2,5 niños).
El
Museo Oceanográfico
A
la salida del Jardín Saint-Martin, y frente al mar se
ubica uno de los mejores museos oceonográficos de Europa
que fue dirigido por el célebre Jacques Cousteau. Parte
de las especies que se exhiben pertenecen a la colección
que el Príncipe Alberto juntó a lo largo de 30 años de
expediciones marítimas (abierto de 9.30 a 19 hs, entrada
U$S 8,5 ).
El
Puerto
El
descenso por la colina del Palacio del Príncipe continúa
hasta una nueva vista panorámica: El Puerto de Mónaco.
Preste atención, la exuberancia no sólo se despliega en
los vehículos acuáticos sino también en los terrestres
que alcanzan a sus dueños a las marinas para salir a navegar.
¿Quién puede criticar la coherencia?
El
casino de Monte-Carlo
El
siguiente punto imperdible es el casino de Monte-Carlo.
Para llegar
allí
no tiene más que bordear el puerto y tomar la Av. D'Ostende
que conduce directamente a la plaza del Casino. Allí lo
más fascinante, aparte de los autos estacionados en la
puerta del Casino, será la sorpresa de sentirse en un
escenario conocido. No, no fue en su otra vida sino en
varias películas que usted vio esa fachada, y reconoce
el lujo que irradia. El lujo y el correspondiente precio,
claro. Entrar al hall central es simple y gratis siempre
y cuando el turista sea mayor de 21 años, presente el
pasaporte o algún documento de identidad y lleve la ropa
indicada. Es decir, no pretenda entrar con sandalias o
zapatillas, bermudas, jeans o musculosas. Los salones
de juego abren las 16 o 17hs según la el período del año
y cierran a la madrugada (la hora depende del estado de
los clientes). Entrar a estos salones cuesta entre 10
y 20 dólares.
Dónde
comer
Si
ese día no se siente con suerte puede 'pispear' las vidrieras
de los negocios cercanos y dejar caer su mandíbula cuando
encuentre que un pantalón de cuero cuesta tres mil dólares.
Tal vez el casino no sea una mala idea, después de todo...
Y si tanto lujo fue demasiado para seguir en pie puede
seguir incrédulo pero sentado comiendo en el Restaurante
o Café de París ubicado al lado del Casino o en el Restaurante
Le Bistroquet a una cuadra y media.
Playas
Para
llegar a las playas hay que tomar por la avenida Princesse
Grace hasta el departamento de Larvoto al este de Monte-Carlo.
Si la playa es un tema a resolver la solución está en
otra ciudad: Antibes.
ANTIBES
Ya
desde la estación de tren, Antibes muestra sus características
inigualables. Por un lado es antigua: entre el mar y la
tierra sobresale el perfil del Castillo Grimaldi construido
sobre ruinas romanas que a su vez sobrevivieron las construcciones
griegas que fundaron esta ciudad en el siglo IV A.C. Por
otro, es pequeña: en un par de horas se puede recorrer
su perímetro, perderse por sus pasajes de adoquines y
descansar en sus playas, esta vez sí de arena.
Al
salir de la estación lo primero que se ve es un conjunto
de mástiles de veleros y antenas de yates que aguardan
salir a bañarse. Bordeando el puerto por la derecha se
entra a la ciudad antigua. Callecitas angostas de adoquines,
negocios de Boutiques por doquier y pequeños bares restaurantes
asoman a la peatonal Cours Masena. Para almorzar en un
lugar más elegante hay que acercarse a las plazas rodeadas
de restaurantes con mesas al aire libre.
Museos
Si
se pierde guíese por el sonido del mar y saldrá a la Rampe
des Saleurs o su continuación, Amiral de Grasse. Sobre
la primera encontrará el Castillo Grianmadi y en él el
Museo Picasso (abierto de martes a domingos, de junio
a septiembre de 10 a 18hs y de octubre a mayo de 10 a
12 y de 2 a 18hs. Entrada: U$S 4.2, estudiantes U$S 2,5).
Caminando
sobre la segunda calle, Amiral de Grasse, llegará a la
rue Promenade donde se ubica el Museo Arqueológico Du
Bastion St. André. Aunque la idea de museos resulte poco
tentadora, vale la pena ver estos dos por su construcción
medieval y su codiciada posición sobre el mar. Bordear
esta zona de la costa es lo hace sentir a uno pertenecer
a un paraíso del medio evo.

Playas
Si
continúa bordeando la costa se encontrará con las codiciadas
playas de arena. Plage de Pontail y Plage de la Salis
son las primeras en aparecer e invitar a un descanso después
de haberse perdido en la ciudad vieja o haber admirado
las obras de Picasso.
CANNES
Boulevards,
palmeras, playas, edificios coloridos y el Jet Set hacen
de Cannes la Ciudad más fashion y hollywoodense de la
costa azul. A sólo un par de cuadras de la estación de
tren encontrará la costa y el Palais des Festivals. Es
allí donde todos los meses de mayo se celebra el famoso
y concurrido Festival Internacional de Film y las calles
se llenan de paparazzis y fans atentos a robarles unas
fotos o saludar a las estrellas invitadas.
Las
playas
El
resto del año Cannes mantiene la imagen glamorosa sin
problema. Con más de 4,5 kilómetros de playas de arena
el turista puede optar por balnearios privados de hoteles
o balnearios públicos. En el primer caso, el servicio
consta de una cabina, una colchoneta y la posibilidad
de ducharse con agua caliente y fría por un precio aproximado
de U$S 15. En el segundo caso, el servicio dependerá de
cuánto quiere acarrear y cuánto tiempo puede estar sin
que le molesta la arena y la sal del mar. Las playas públicas
más aconsejadas son: Plage Gazagnaire y Plage du Midi.
Paseos
Caminando
desde la estación de tren hacia la costa cruzará la peatonal
Rue Maynadier poblada de locales comerciales y souvenires
y a Rue d'Antibes donde se pueden encontrar las tiendas
de renombre y "re-precio". Un par de cuadras más abajo
y bordeando la costa está el Boulevard de la Croisette
adornada de palmeras y flores. Hacia el oeste el boulevard
lleva al Vieux Port y sobre este se alza una torre del
siglo XIV que los ingleses rebautizaron La Torre de Dios.
Cerca de allí se encuentra el Museo de la Castre donde
se exhiben desde diversos objetos étnicos de culturas
lejanas, entre ellas peruanas y mayas, hasta pinturas
del siglo XIX. (Abierto de miércoles a lunes. Entrada:
10 F adultos, niños gratis. Cierra al mediodía).
Pero
el glamour no viene solo; alojarse o comer en Cannes cuesta
más que en Niza. Eso sí para los que cuidan el presupuesto
siempre puede contar con un Albergue de la Juventud y
un McDonald's.