Portugal
está buenísimo, pero yo les diría que esperen
un par de años para ir porque tanto en Lisboa como Porto
está todo en obra!!! Lo más lindo y lo más
típico de allá son los azulejos, que a veces cubren
paredes enteras!
Lisboa es una ciudad muy antigua construida sobre 7 colinas así
que hay que estar en forma... o tomar los tranvías y cablecarriles.
Por supuesto, optamos por la opción B, no porque nos faltara
estado, sino porque era muy divertido subirse a esos trenes de
juguete que peleaban ruidosamente por abrirse paso en medio del
CAOS de autos, gente y "autocarros".
La verdad es que Lisboa tiene un encanto muy especial, con sus
callecitas empinadas, las casas con azulejos, el castillo, el
puerto, los barcitos de la Alfama (uno de los barrios más
antiguos) donde por la noche cantan fados... y sobre todo la gente,
que es muy amable.
También fuimos al Algarve, al sur de Portugal. Conseguir
alojamiento en la costa sur fue toda una odisea, que puso a prueba
la dureza de mi cabeza con algún restito de sangre vasca...
pero lo conseguí!. Las playas son espectaculares. Muy grandes
como las del sur y con arena finita y dorada. La que más
me gustó es una que tenía como unos acantilados
y unas rocas inmensas que separaban las playas. Cuando el agua
bajaba un poco se podía pasar de una a otra por medio de
las piedras, y escalar y disfrutar de la vista desde arriba. Muy
bueno!
Lo último que vimos de Portugal fue Porto. Como Lisboa,
es una ciudad antigua y llena de azulejos. De los cientos de iglesias
que visitamos, creo que aquí esta la más espectacular.
Se llama San Francisco, es enorme y muy barroca pero lo más
sorprendente es que el interior esta totalmente cubierto de oro!
Es una ciudad muy romántica porque esta bordeada por el
Duero, que la separa de la parte nueva. A lo largo de todo lo
que sería esta costanera hay barcitos y casas muy típicas
pintadas de distintos colores. También están las
famosas bodegas de Oporto, es un vino dulce que se produce ahí.
Después
fuimos a Santiago de Compostela. Creo que me impactó más
que Fátima porque la Catedral está siempre repleta
de gente y, sobre todo, de peregrinos caminantes. Todos andan
con el bastón con unas calabacitas en la punta y la concha
(argentinos, abstenerse de hacer chistes malos), que es símbolo
del camino de Santiago. Me encantó Galicia, y los gallegos
son realmente divinos... y ni un pelo de tontos!!! Tal vez son
demasiado vivos y se deshicieron de los que tenían menos
luces mandándolos para acá... No sé, a ver
si algún español puede aportar alguna explicación...
De noche es tan lindo como de día. La Catedral que es divina,
esta muy bien iluminada, y los bares de los alrededores, llenos
de gente. También había grupos, que debían
ser peregrinos, que estaban enfiestados tocando la guitarra y
bailando en algunos rincones. Muy buena onda!
Desde Compostela, partimos a Francia, me trataron más que
bien, y mal o bien, pude entender y hacerme entender en mi francés
sui generis (gracias a Dios, creo que nadie me grabó!!!)
También conocí a algunos amigos, con los que hicimos
programas muy divertidos. Por ejemplo, fuimos a hacer las ferias
de Dax (un pueblito muy típico). Estas fiestas duran toda
la noche y se hacen durante toda una semana (o más). Todas
las calles del centro están cortadas y una verdadera multitud,
que viene de los alrededores, pulula por los bares o se queda
en algunas esquinas escuchando tocar alguna banda o bailando.
Con los litros de alcohol que corren les digo que se podría
abastecer una bodega entera! En los espacios más abiertos
arman unos tinglados con mesas enormes de tablones y venden comidas
típicas. Hay gente de absolutamente todas las edades y
todos van vestidos con algo blanco y un pañuelo colorado
en el cuello. Es la consigna, así que a mí también
me lo pusieron.
Lo
que más me impresionó de los pueblitos de Francia
son las flores. No sólo en las casas, sino también
en las rotondas, junto a las señales y en cada esquina
con un poco de verde había canteros decorados con flores
de todos colores. Las casas vascas también son muy lindas.
Son blancas, con unos tirantes de madera y muchas ventanitas con
postigones pintados de verde, azul o colorado y siempre con flores.
Todo llega a su fin, y a mí me llegó el turno. Después
de un mes y medio de buena vida me tienen aquí de vuelta,
previo paso por Madrid por unas horas, en las que caminé
casi todo el día arrastrando mi nostalgia por tener que
irme. Por suerte, estaban ahí un par de muy buenos amigos
que hice durante el curso de julio, que me hicieron más
leve la despedida, y si me perdí esa noche de marcha, fue
solo porque me tenía que tomar el avión...
Por
Clara Echazú