l año pasado, me
fui seis meses a vivir a Aix en Provence, una ciudad en las afueras
de Marsella, al sur de Francia. Fueron seis meses inolvidables porque
realmente viví ese pueblo como si fuera propio.
Si algún día tienen
la posibilidad de pasar, háganlo. Pero, si pueden, quédense unos días;
no lo miren de reojo, vívanlo.
Este lugar en el
mundo es una completa versión de una ciudad europea, alguna vez romana,
con todo lo que eso significa.
Se llama Aix por
sus aguas de vertiente. Es por eso que han construido montones de fuentes
que decoran todo el centro de Aix. Hay, incluso, una de agua caliente,
que está en la muy renombrada Cours Mirabeau, la avenida más transitada
y la principal. Pero, así y todo, mi lugar favorito es la "Place d´Albertas".
Si continúan caminando por la misma calle (rue Espariat), llegan al
Palais de Justice, donde cada martes, jueves y sábados se levanta un
mercado de lo que quieran: variedad infinita de frutas y verduras, antigüedades,
discos de vinilo, lámparas, etc. Y no se ofendan si los franceses se
jactan de tener los mejores productos porque, sinceramente, no están
nada mal...
Cuando quería chequear
mis e-mails, iba a un "barsucho" a la vuelta del infaltable "Hotel Ville"
(sabrán que en Francia no hay ciudad que prescinda de ellos), que se
llama el "Hub Lot". Este bar es también un punto de reunión muy cosmopolita
en esta ciudad tan auténticamente provenzal. Estuve en Francia con el
objetivo de aprender francés, pero también de vivir la experiencia de
estar en un pueblo a 20 minutos del Mediterráneo, a 10 de la montaña
favorita de Cézanne, a unos pocos kilómetros de la casa de Picasso y
en pleno movimiento cultural rico en todos, absolutamente todos sus
aspectos.
Ah, y sabrán que,
en la mayoría de las ciudades de Europa, las películas son dobladas
en el idioma que corresponde según el país en que se muestre. En Aix,
en Provence, "Le cinema Mazarin" tiene tres salitas muy copadas y de
buen gusto, donde proyectan todas las películas en V.O. (versión original).