Buenos Aires
Abasto de Bs. As.
Av. Corrientes 3247 2º Nivel
(1001) Capital Federal
Tel: (011) 4390-7000
Fax: (011) 4390-7001
buenosaires@firenzeviajes.com
Resistencia

Juan B. Justo 148 | (H3500
ATD) Resistencia - Chaco
Tel: (03722) 433333 |
Fax: (03722) 433933
resistencia@firenzeviajes.com
Posadas

San Martín 2069 | (N3300
ABQ) Posadas - Misiones
Tel: (03752) 431000
Fax: (03722) 433000
posadas@firenzeviajes.com
   
  ¿Adónde desea ir?
 
  RESERVAS
Paquetes
Aéreos: Ofertas
Paquetes: Ofertas
 
  INSTITUCIONAL
Contáctenos
Quiénes somos
Oficinas
Nuestros Servicios
Corporativo
Privacidad
Cond. Generales
 
  VACACIONES
Argentina
Centros de Ski
Spa
Luna de Miel
Golf
Suscribase a nuestro Newsletter
 
 
  HERRAMIENTAS
Hora mundial
Clima mundial
Mapas
Cambio Monetario
Tips del Viajero
Embajadas
Servicios Online
  Crónica
  Ver otras notas

Laos por Martín N. Raiano

Ir a la Galería de Fotos

E

l destino quiso que recorriendo una librería de la célebre Khao San Road, me encontrara con una guía sobre Laos. Apenas dos páginas me sirvieron para poner proa al nordeste e intentar meterme en ese país misterioso.

Nong Khai, sobre la frontera, fue la primer escala. Diez horas de tren en clase económica desde la estación Banglamphu de Bangkok me dejaron en este lugar "de este lado" del Mekong.

Los pocos turistas que andan por la zona usan esta ciudad como trampolín, aunque vale la pena dedicarle un par de noches para captar ese aroma a "far west" de las ciudades que se saben remotas y "de paso". He sentido lo mismo en Melaka, Galway, Kagoshima, y Punta del Diablo.

El ir y venir es incesante, y en todos los guest houses del lugar uno puede encontrarse con historias de viajeros y viajeros con historias. La noche subtropical invita a acostarse muy tarde y quedarse compartiendo charlas a la luz de la luna.

Temprano, una mañana, llegué hasta la frontera. Crucé el impecable "Thai-Lao friendship bridge" y después de sortear la burocracia típica de cualquier país comunista (el nombre de "República Popular Democrática de Laos" es toda una señal) me encontré, bajo una lluvia que amenazaba con no terminar nunca, en medio del barro de las afueras de Vientiane.

Conseguir un transporte hasta el centro puede ser toda una aventura. Muy divertida, si uno tiene la paciencia suficiente como para regatear precios durante un largo rato, y frustrante si uno espera encontrarse con taxis, autobuses o trenes. En Laos (después alguien me dijo eso), el tuk-tuk es el más fiable de todos los medios de transporte (y casi el único, sin contar nuestras piernas).

De Vientiane se puede decir mucho, poco o nada. Todo depende de las sensaciones. Es necesario tener todos los sentidos alerta para captar todo. Si uno se limita a la vista (como hacemos la mayoría de las veces que estamos ante algo nuevo), la idea puede limitarse solamente al recuerdo de imágenes, lo que es apenas un detalle anecdótico en un lugar como éste.

La capital de Laos cuenta con apenas unas pocas calles pavimentadas. Ningún edificio tiene más de diez metros de altura. Los autos particulares son una rareza y hay pocas cosas que cuesten más de dos dólares.

Ir a la Galería de FotosSe mezclan, con apenas un puñado de metros de distancia, monjes en túnicas color ocre y oficiales de uniformes impecables y mirada adusta. Edificios espartanos, típicos de una arquitectura con indudable influencia soviética, y templos milenarios de Stupas bañados en oro. La electricidad es un privilegio, los teléfonos un lujo, e Internet una novedad inaccesible.

Uno podría pasarse meses recorriendo los templos de Vientiane. Mi modesta opinión es que es mucho más valioso pasarse unas horas recorriendo sus calles y su gente, y terminar con una "Beerlao" en uno de los incontables puestos de comidas que se amontonan sobre el Mekong.

Después de unos días ahí, decidí que quería ver algo más de ese país del que, una semana antes, apenas conocía el nombre. Tomé un avión a Luang Prabang, capital de la provincia homónima, unos cuatrocientos kilómetros al norte de la capital. Por aquello de que el alma a veces llega después que el cuerpo, nunca me gustó tomar aviones por distancias tan cortas, pero en este caso dos motivos hicieron que me decida por esto. Primero, el hecho objetivo de que la única carretera que se dirige al norte (la legendaria Nº 13, prácticamente, la única asfaltada de todo el país) está en condiciones deplorables, y el único servicio de colectivos que parte diariamente tarda algo más de doce horas en hacer el recorrido. En segundo lugar, y acá jugaron un poco más las subjetividades y las ganas de acumular anécdotas, quería ver cómo era tomar un vuelo de Lao Aviation, en el aeropuerto "internacional" de Wattay.

Luang Prabang es una ciudad de no más de quince mil almas, en medio de la montaña, en la confluencia de los ríos Mekong y Nam Khan. Hace menos de un año fue declarada patrimonio universal por la UNESCO. Aparte de lo surrealista del paisaje, del vecino parque nacional Kuang Si y de las cuevas de Pak Ou, tiene cientos de templos y construcciones religiosas. La colina Phu Si, en medio de la ciudad, ofrece una vista panorámica de todo el valle.

Es uno de esos lugares de los que uno puede llegar a dudar, ahora sentado frente a una PC, que realmente existan. Contando e intentando recordar, a veces pienso que Luang Prabang bien podría ser producto de mi imaginación.

Ir a la Galería de FotosPor un precio irrisorio me hospedé en una casa de huéspedes muy sencilla y plagada de unos lagartos de piel transparente que aparecen cerca de las luces por la noche. Desde ese "centro de operaciones" planeé mis excursiones por los alrededores. Se necesita un día para ver las cataratas de Kuang Si. Después de dos horas de camino polvoriento uno llega un oasis en medio de la selva, con el agua cayendo en formas extrañísimas y formando piscinas de distintos colores, de acuerdo a la incidencia de la luz del sol.

Otro día, lo dediqué por completo a explorar las cuevas Pak Ou. Se trata de dos cavernas naturales que el tiempo se encargó de esculpir sobre una pared de más de cien metros de altura que cae sobre el Mekong a noventa grados. Desde hace quinientos años, los lugareños las han convertido en sitios de adoración de Buda y dentro de ellas pueden contarse mas de cuatro mil imágenes del dios.

Se llega sólo en barco, ya sea navegando directamente desde Luang Prabang o desde cualquiera de las aldeas de la costa de enfrente. Vale la pena también detenerse en alguna de estas villas, recurrir a alguna oculta cualidad de mimo e intentar comunicarse con la gente del lugar. Si uno tiene suerte y paciencia (después llegué a la conclusión de que las dos cosas son, si no imprescindibles, muy importantes para viajar por Laos) puede que lo inviten con algún aguardiente casero, intomable para nuestro paladar, pero ideal para satisfacer la a veces absurda sed de exotismo.

Así las cosas, uno vuelve de Laos con la idea cierta de que ha visto algo único. De que a estado frente a frente con la vida real y de que a conocido gente que pensaba sólo existía en los documentales de la National Geographic.

No es un lugar al que desee volver. Es demasiado mágico para eso. Prefiero guardarme el recuerdo, y que el tiempo lo haga imborrable.


Martín N. Raiano
porron@netcoop.com.ar

 

 

Fun Time
Dirección: Av. Corrientes 3247 2º Nivel
Teléfono: (011) 4390-7000