|
Sábado
6 de enero, mucho antes que empiece a clarear, tomé la famosa
y veraniega ruta 2 para andar viejos caminos. Bien temprano,
con el objetivo de que el alba me encuentre en medio de la
ruta, comencé mis vacaciones viendo nacer al sol desde adentro
de su "Madre Tierra".
La ahora
llamada Autovía 2 fue mi camino obligado durante veinticinco
años, en aquellos veraneos marplatenses, en una mucho más
desolada Punta Mogotes. Es en esa ciudad donde empalma la
ruta 88, que a través de sus 125 km. une "La Feliz" con mi
destino. Mi objetivo, como cada año, descansar y compartir
unos días en familia, con mis padres, tíos, primos, mi abuela
y un grupo de personas que al igual que nosotros elige un
poco más allá de Necochea Centro para disfrutar un poco de
naturaleza.
Allí nomás,
a 10 km del ruido turístico, en una zona llamada Las Grutas,
hace ya muchos años, llegó un hombre. Un tal Zabala, que entre
mate, bizcocho y recorridas se quedó impresionado de la belleza
de esas playas. De esos rocosos acantilados, que año a año
el mar transforma para que nadie se de cuenta si alguna vez
por ahí ha pasado. Se quedó enamorado de su flora, de su fauna,
de la paz y la tranquilidad de un lugar diferente. Así fue
que pensó ponerle un nombre a dicho lugar, y pasándose de
ingenioso le puso: "Villa Marítima Zabala".
Como no
es de buen cebador andar apurando el mate, mejor volvamos
a la ruta que en el apuro ya estoy contando sobre mi destino
y ni siquiera sorbí mi primera cebadura. Porque de más está
decir que el primer mate en mis vacaciones es un rutero. Viaje
de ida: prendido a mi calabacita. Viaje de vuelta: sorbiendo
calabacita ajena y pensando que habrá pasado con mi fiel compañera.
Ruta
es sinónimo de viaje, de comienzo de aire puro, de respirar
y sorber profundo, de copiloto cebador si el que maneja es
uno y de piloto del mate si el que maneja es otro.
Ruta es
sinónimo de trabajo para aquellos que día y noche, subidos
a sus ómnibus o camiones, hacen de ella su domicilio laboral.
Ruta es
sinónimo de Patria, y si la Patria es Argentina, entonces
ruta es sinónimo de mate. Se lo ve en cada auto, acompañando
a los viajeros en forma de calabaza, madera, caña, etc..
Tanto
se lo ve, que hace un par de años Taragüí, en los paradores
de las rutas, en estaciones de servicio o cualquier otro lugar
ha instalado unos tanques con forma de termo, que a través
de una canillita proveen de agua caliente a los viajeros.
Así cuando escasea el agua propia, uno puede continuar, en
forma gratuita, con el sano vicio.
Tanto
se lo ve, que ha aparecido una especie de termo-mate plástico
con bombilla del mismo material, cuya comodidad es la de evitar
agregar continuamente agua al recipiente. Su nombre "científico-comercial"
es mate automático. Mi prima, que lo utiliza bastante, lo
llama mate egoísta y yo lo llamo mate de porquería. Debo admitir
que es práctico para el viajero solitario, pero dicho material
le da un gusto raro a la cebadura.
Pero quienes
saben más que yo, son aquellos que se prenden a diario a la
infusión rutera. Ellos, choferes camioneros y demás tienen
un mate que los caracteriza y se llama precisamente: "mate
del camionero". Es una especie de poro, cuya boca tiene la
forma de un embudo. Por lo general, su borde superior es mayor
que la circunferencia del cuerpo del porongo. Posee dicha
forma ya que el camionero no puede detenerse a tomar mate,
por lo que debe hacerlo mientras conduce. Ya sea él o su ayudante,
el cebarlo implica el riesgo del derramamiento del agua con
sus imaginables consecuencias. También hace algunos años surgió
un complemento indispensable de este tipo de mate que es la
bombilla curva. Con ella, quien maneja puede sorber la infusión
sin necesidad de tener que bajar la vista, así puede estar
bien atento al camino.
Son muchas
las versiones que circulan alrededor del origen de la bombilla
curva, algunos dicen que es para poder tomar mate en la cama
(versión que en lo personal no me parece apropiada para un
hombre de campo). Otra dice que fue invento del hombre de
la ciudad, para llevarle el desayuno a la cama a sus mujeres.
La versión
que a mi más me gusta es la que extraje del libro de Scutellá,
que dice que fue creada por Annio Silvio Pizzoni. Un italiano,
que como tantos otros inmigrantes, por los albores del siglo
pasado encayó en nuestra tierra en busca de un futuro promisorio.
Como todo hombre de aquella época, hizo de todo, hasta que
en un terreno baldío en el barrio de Villa Luro instaló un
negocio de compra y venta de chatarra. Con el tiempo se dedicó
a curvar caños de escape. Trabajaba sobre un banco, luego
retrocedía unos pasos y miraba la obra mientras sorbía un
cimarrón. Siempre igual: trabajo, pausa matera, observación
con la cabeza inclinada y vuelta al trabajo. Un día imaginó
que si doblaba la bombilla podría ver mejor y sin necesidad
de bajar la cabeza. El resultado fue el buscado. Muchos de
sus clientes camioneros empezaron a encontrarle la utilidad
ya mencionada, y entonces, Don Annio les comenzó a doblar
sus bombillas. Después alguno habrá visto la "punta al asunto"
y empezó a fabricarlas.
Entonces,
ya saben, para el próximo viaje: mate de boca grande, bombilla
curva y un buen acompañante. Bueno materos, espero les haya
gustado y me despido casi llegando a destino. Con una pequeña
salvedad: sin bien viajar fortalece el corazón, no todo camino
hace olvidar el anterior. Algunos caminos no pueden y no se
deben olvidar.
Por
Juan Tiepolt
|