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Edimburgo
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l norte de la Gran Bretaña, este país de identidad aguerrida y castillos de otro tiempo, queda generalmente excluido de los recorridos tradicionales por el viejo continente. Es una lástima... en pocos lugares de Europa el contacto con lo medieval es tan directo y tan palpable. No sólo por sus construcciones, sino por su atmósfera.
Escocia es una latitud remota, con aire de tierra lejana y misteriosa a veces, donde las tradiciones se han conservado intactas en muchos casos. Es un lugar para soñadores, quizá. Para darle la mano a la historia, codearse con la vida y sentirse realmente feliz.


La capital mas hermosa del planeta

ay sensaciones para las cuales el idioma no ha encontrado palabras aún. Existen aproximaciones, pero cualquier descripción que quiera hacerse sobre lo que se siente andando por Edimburgo resultará insuficiente. Caminar por calles que dejan de serlo para convertirse en senderos empedrados, meterse en pasajes ocultos que atraviesan castillos en medio de la ciudad, girar en mil y un recovecos, rozando los codos sobre paredes que han estado allí por centurias, ver el sol asomarse entre cúpulas medievales o la nieve acumularse sobre tejados grises y, lo que la hace tan especial, sentir que todos estos son movimientos cotidianos, y repetirlos hasta el infinito sin llegar jamás al hartazgo, crean sobre esta ciudad un aura única y exclusiva.

Porque hay demasiadas ciudades en la Tierra. Sería utópico aspirar a conocerlas todas. Sin embargo, recorriendo Edimburgo y algunas más, uno puede sentir que ha visto lo que vale la pena ver de este mundo.

Cómo llegar
Edimburgo - Old TownCasi todos los que llegan a Escocia lo hacen provenientes de Inglaterra, lo que ayuda enormemente a ser parte del contraste de una sociedad y otra.

Arribar en tren hace que la experiencia sea más fantástica aún. Al subirse al "Flying Scotsman" o el "Highland Chieftain" en la estación King's Cross de Londres, uno siente que un pedazo de Escocia se pone en movimiento. Son cuatro horas de alta velocidad desde Londres y dos desde York. El pasaje ida y vuelta desde la capital inglesa ronda las cincuenta libras, dependiendo de la categoría del tren y la fecha en que se viaje. Casi por el mismo dinero puede conseguirse un boleto aéreo, aunque no es una opción muy recomendable, ya que todos los aeropuertos del mundo tienden a ser muy iguales, mientras que la estación de trenes Edinburgh Waverley constituye en sí misma una calurosa bienvenida a Escocia.

Sin embargo, a Edimburgo llegan vuelos provenientes de las principales ciudades europeas, por lo que el avión es el mejor medio de transporte si el origen está fuera de Inglaterra. Existen vuelos regulares desde y hacia Frankfurt, Paris, Roma, Amsterdam y Zurich, por nombrar algunos de los posibles lugares de origen más comunes.

Recorriendo la ciudad
La Waverley Station está ubicada en pleno centro de la ciudad. Todo lo que merece verse puede accederse caminando. Si bien existen líneas de colectivos que unen el centro de la ciudad con las áreas periféricas, el único motivo para tomar uno de estos es que se desate alguna tormenta de viento y nieve y no contemos con un abrigo apropiado.

A metros de la estación se encuentra el Edinburgh Tourist Board (0131 5571700), que es una excelente fuente de información. Cuenta, como es de esperar, con un excelente servicio de reservas de alojamientoEdimburgo y asistentes en varios idiomas. Dado lo intrincado de la calles, es necesario proveerse de un mapa lo antes posible, aunque nadie lamentaría perderse un rato en esta ciudad.

Apenas saliendo de la oficina de turismo, mapa en mano, se encuentra la primera y quizá más impactante de todas las vistas de Edimburgo: la que corresponde a las espaldas de todos los edificios de Market Street y de High Street. Lo ondulado del terreno y los balcones sobre el East Princess Street Garden, hacen que sea éste un punto panorámico ideal para fotografías.

Cruzando el majestuoso North Bridge se llega a High Street, la principal arteria comercial de la ciudad. Por esta calle de identidad indecisa (cambia a Lawn Market, Royal Mile y Canongate en menos de mil metros de longitud) pasa la vida y la historia de Edimburgo. A ambos extremos se encuentran los dos castillos que constituyen el patrimonio arquitectónico más preciado de los Lowlands de Escocia: El Palace of Holyroodhouse hacia el este y Edinburgh Castle al oeste.

Palace of Holyroodhouse
Robert Louis Stevenson, en sus "Picturesque Notes" de 1878, escribió: "Holyrood es el hogar de muchos recuerdos. Guerras han sido planeadas, las danzas se han prolongado hasta lo profundo de la noche y se han cometido asesinatos en sus alcobas... Ahora todas estas cosas se han ido con el polvo del tiempo, pero la roca del palacio ha sobrevivido estos cambios..."

El palacio de Holyroodhouse es la residencia oficial de la reina en Escocia. Sólo se encuentran abiertos al público los sectores más históricos y el imponente "State Room", siempre que Su Majestad no esté de visita.

Los horarios varían de acuerdo a la época del año. En verano puede visitarse de 9.30 a 17.15, incluso los domingos, mientras que en invierno el horario de cierre es una hora antes, permaneciendo inhabilitado los domingos. La entrada cuesta unas 3 libras y media, algo menos para los poseedores de tarjetas internacionales de estudiantes o profesores.

Holyroodhouse por dentro no es más que un edificio hermoso, con una decoración propia de la realeza británica, atiborrado de miles de objetos que constituyen hitos en sí mismos. Sin embargo la principal belleza sólo puede percibirse puertas afueras, en los amaneceres o en los atardeceres, cuando el edificio de piedras ocres crea un conjunto etéreo con las colinas que lo rodean. Se hacen una sola cosa y constituyen un espectáculo como para admirar con los cinco sentidos durante horas.

Edinburgh Castle
Ubicado sobre la cima de Castlehill, Edinburgh Castle (0131 2443101) constituye lo que una vez fue una fortaleza de la realeza escocesa y alberga en su interior a las joyas de la corona de Escocia.

Edimburgh CastleEn verano el horario de visita es de 9.30 a 18.00 y en invierno de 9.30 a 17.00, los siete días de la semana. La admisión es de 5 libras para adultos y 1 para niños.

Cuenta con un amplio restaurant y un "visitors centre" donde los escoceses han dado rienda suelta a su capacidad de merchandising y se ofrece hasta lo inimaginable.

Dado su emplazamiento dominante, Edinburgh Castle puede ser visto desde muchísimos puntos de la ciudad y sin bien hoy en día no tiene demasiado que ver con la vida institucional del país, constituye todo un símbolo de Escocia.

La muralla que lo rodea y sus paredes heladas le dan un aire de autoridad y le atribuyen una personalidad que quizá pocos castillos del mundo puedan ostentar. Impone respeto. Es un ícono y un hito en la vida de este país.

Otras cosas para hacer
Muy cerca de este signo de la más pura tradición escocesa, se encuentra el museo en honor al bien más preciado que el mundo le debe a Escocia: el The Scotch Whisky Heriteage Centre (354 CastleHill, 0131 2200441). Seguramente es el museo más premiado de Edimburgo, y quizá el más entretenido.

Sea trata de un viaje de descubrimiento a través de los siglos, viendo partes de la vida campestre de Escocia y todos los momentos que se suceden en la fabricación del whisky. Literalmente, el viaje se realiza en toneles de madera acondicionados con asientos y parlantes en varios idiomas (español entre ellos) que se meten en galerías y se detienen ante las escenas que recrean en forma muy vívida ambientes típicos del país y nos muestran costumbres y formas de vida y de fabricación de este elixir.

El recorrido termina con una charla sobre los distintos tipos de whiskys y las distintas formas de producirlo. La charla incluye una degustación sin cargo de distintas variedades y hacia la salida se encuentra el infaltable stand de venta de recuerdos y whisky. Quizá no sea el lugar para buscar los mejores precios de Edimburgo en lo que a esta bebida se refiere, pero si un whisky escocés no se ofrece a la venta aquí, es porque no se ha fabricado aún.

Si se cuenta con varios días, entonces no es mala idea visitar el Edinburgh Crystal Visitor Centre (01968 675128). Se trata de un tour guiado por una industria artesanal de vidrio en las afueras de la ciudad. Desde la Waverley Station parten minibuses en mayo y septiembre sin cargo. También podría uno pasar una tarde por el Edinburgh Zoo (0131 3349171), con la piscina para pingüinos más grande del mundo.

Y los museos de arte son innumerables: La Calton Gallery (0131 5561010) con su excelente colección de pinturas de fines del siglo XIX, la Edinburgh Gallery (0131 5575227), que se especializa en la promoción de jóvenes talentos escoceses y la soberbia National Gallery of Scotland (0131 5568921), con obras maestras de distintas épocas y de distintos artistas de Europa.

Estos son sólo algunos. Las posibilidades son muchas, pero ninguna es tan prometedora que la obra de arte mayor: la ciudad. Edimburgo es un museo a cielos abiertos, y las galerías de arte que existen en ella, apenas pequeñas alas.


Puerta de entrada o salida

ás de una vez he escuchado que Glasgow es una ciudad con "poco para ver y mucho para hacer". Me parece una definición acertada. Sin grandes monumentos ni símbolos que la identifiquen, sin bellezas arquitectónicas ni estilos propios, Glasgow cautiva por su vida cultural, por su movimiento industrial, por sus contrastes y por sus numerosos eventos que se suceden a lo largo del año. No se puede pretender adquirir una visión más o menos acabada de Escocia sin visitar Glasgow.

Es una ciudad enorme, cosmopolita, moderna y de ritmo incesante que está para recordarnos que Escocia también ha llegado al año dos mil. Si no fuera por ella, uno bien podría jugar al engaño y pretender que realmente se encuentra inmerso en una aventura épica medieval mientras recorre estas latitudes tan lejanas. Algunas imágenes de esta ciudad podrían caber perfectamente en cualquier otra sin parecer extrañas, a pesar de algún que otro gigante de cabello blanco que se pasea adusto con su kilt.

Cómo llegar
GlasgowEs uno de los principales nodos de la red ferroviaria, carretera y aérea del Reino Unido. Incluso cuenta con excelentes conexiones aéreas a las principales capitales europeas y ciudades de los Estados Unidos.

Los trenes de alta velocidad parten desde Londres cada hora y completan el trayecto en menos de cinco horas. Desde Edimburgo son apenas unos 50 minutos, y York, Manchester, Newcastle, Birmingham y la mayoría de las ciudades importantes de Inglaterra están perfectamente conectadas por esta vía también. Si la opción es la carretera, debe decirse que existen excelentes autovías en todas direcciones, y que Londres puede alcanzarse en siete horas, Dover en nueve, Manchester en cuatro y Edimburgo en una.

Sin embargo, a pesar de la calidad de los servicios de transporte, no es Glasgow la forma de entrar en Escocia. Se pierde la magia. Puede que llegar a esta ciudad con edificios modernos, autopistas y trenes subterráneos haga que uno piense que con eso se encontrará en el resto de este país de brumas eternas y siluetas difusas.

Es mejor usarla como puerta de salida. Es una excelente idea intentar la "U" imaginaria que parte en Edimburgo, alcanza su pico en Inverness, continúa hacia la isla de Skyle y termina en Glasgow. Claro... eso depende del viajero, sus tiempos, sus ganas y sus inquietudes.

Área central
La regla europea de empezar a recorrer una ciudad desde su centro hacia fuera se aplica aquí. El punto neurálgico de Glasgow se encuentra en algún lugar de los cuatrocientos metros que separan a la Buchanan Bus Station y la Central Station. Por tomar una referencia, podría decirse que el Greater Glasgow Tourist Information Centre (35 St. Vincent Place - 0141 2044400) es o está muy cerca de ese punto. También, por establecer un paralelo, la regla europea de oficinas de turismo ultra eficientes, asistentes en varios idiomas, reservas de alojamientos y excursiones y amabilidad hasta los límites de la incomodidad, también rige.

Justamente a pocos metros de ahí, en dirección a St. Frederick st. está Braemar Gatheringemplazada la joya arquitéctonica más preciada de la ciudad: el City Chambers (0141 2219600). Se trata de un edificio victoriano, diseñado en estilo del Renacimiento italiano y abierto al público en el año 1888.

El hall de entrada, con una escalera de mármol inmaculado es particularmente llamativo. Desde algunas de las ventanas se obtienen hermosísimas vistas del George Square, al otro lado de la calle, que suele adornarse con arreglos florales en verano, cubrirse de nieve en invierno, tapizarse de hojas en otoño y explotar de verde en primavera. El lugar es hermoso, de hermosura intrínseca, pero si uno es detallista puede llegarse ahí a las 10.30 o a las 14.30, de lunes a viernes, y seguir uno de los tours guiados sin cargo alguno.

Otras excelentes muestras de arquitectura son el Head Post Office, la St. George's Church y el Merchants House. Los que sucumban ante la tentación del shopping quizá deseen darse una vuelta por el Princes Square Shopping Centre o las Virginia Galleries y para los amante del arte y de la plástica, tal vez sería una buena idea visitar la Gallery of Modern Art o el College of Building & Printing. Mapa en mano, todos estos lugares pueden encontrarse a tiro de piedra de la oficina de turismo.

Si bien caminar por esta zona no es una experiencia que pueda cambiarle la vida a nadie, vale la pena dedicarle al menos una mañana, una tarde o un mediodía.

University of Glasgow y Kelvingrove Park
Toda ciudad, grande o pequeña, conocida o ignota; tiene al menos un lugar que "debe" visitarse. La University of Glasgow es a esta ciudad lo que el Big Ben a Londres, la Torre Eiffel a París, el Coliseo a Roma, o el Damstraat a Amsterdam.

Fue fundada en el año 1451 y construida en el inmenso Kelvingrove Park sobre el río Kelvin, en el "west end" de la ciudad. Llegan allí infinidad de colectivos (SBL 6 y 6-A, 42 y 42-A por nombrar algunos de los que llegan desde el centro) y la red de subterráneos (estaciones Hillhead o Kelvinhall).

Trathisla-DistilleryLa belleza de este lugar está dada por los senderos que se pierden en el parque, las estatuas que se nos aparecen de repente en algún rincón y los árboles centenarios que le sirven de entorno. La única forma de captar todo eso es caminar y caminar. Perderse, retomar el camino, sentarse a contemplar, incorporarse y seguir perdiéndose.

En el campus se encuentran dos de los principales museos de Glasgow: el Hunterian Museum, con una interesante muestra de geología, arqueología y etnografía; y la Hunterian Art Gallery, con importantes colecciones de artistas escoceses. Como muchos otros museos de la ciudad, la admisión es gratuita, aunque es muy bien visto dejar alguna colaboración.

Algunas áreas de la Universidad y los museos pueden visitarse de Lunes a Sábados de 9.30 a 17.00. Entre mayo y septiembre también es posible entrar los domingos, de 14.00 a 17.00, pero para perderse por los senderos no hay horario.

Cruzando el río se encuentra la segunda galería de arte del Kelvingrove, y la más grande, aunque un poco más fría. Se trata de la Kelvingrove Art Gallery and Museum. A diferencia de la Hunterian Art Gallery, aquí se encuentran obras de pintores de toda Europa, mientras que otras áreas están dedicadas a la historia del país. Es particularmente interesante destacar las colecciones de platería y armas, provenientes de diversos puntos del continente.

El restaurant y el "Souvenirs Shop" nos recuerdan que el turismo es un gran negocio en Escocia. De todos modos, los precios no son tan terribles como uno puede esperar, y disfrutar de un almuerzo es un placer doble gracias al entorno.

La admisión también es gratis, y está abierta de lunes a sábados de 10.00 a 17.00 y los domingos de 11.00 a 17.00.

El cuarto museo del parque está cruzando la Dumbarton Road. Se trata del Transport Museum, que configura algo así como un homenaje a la historia del transporte escocés. Existe en él una recreación de una típica calle de la década del '30, con cine y estación de subterráneo incluidas, que quizá sea lo más destacable del lugar.

Kelvingrove debe visitarse. No hay dudas de eso. Pero una vez allí dependerá de cada uno encontrar el espíritu de Glasgow en las vitrinas de sus museos, en las plumas de las palomas que se posan sobre las cúpulas o en el pelaje de las ardillas que se esconden a nuestro paso.


Edinburgh - Inverness - Isle of Skye, la ruta a los Highlands

Fraser Castle - Highlandn algún lugar al norte de Edimburgo puede decirse que está la frontera entre la Escocia moderna y la Escocia ancestral. No es una frontera geográfica, sino temporal. No se trata de distintos condados, ni siquiera de distintos paisajes. Se trata de distintos sentimientos, de distintas atmósferas, de distintos modos de vida.

Sin los Highlands, Escocia sería un maravilloso país, de paisajes surrealistas, picos en brumas y bordes fantasmagóricos. Con ellos, Escocia es una tierra mágica. Tiene ese don que sólo tienen un puñado de puntos en todo el mundo: el de mostrarnos que las hadas aún existen...

Transporte
Hacia el norte de Edimburgo las ciudades grandes empiezan a desaparecer al punto de que en los Highlands el único centro urbano de importancia es Inverness. El resto de esta zona está compuesto por pueblos, aldeas y villas.

Esto hace que la mejor, y quizá la única, forma de aventurarse en estas tierras remotas sean las cuatro ruedas de un automóvil. De más está decir que en Edimburgo existen oficinas de alquiler de las principales firmas internacionales.

CotageExiste, por supuesto, transporte público. Pero salvo en el trayecto hasta Inverness, donde existe un tren rápido con una excelente frecuencia, los colectivos y trenes son muy escasos y sus horarios cambian muy seguido.

Aún cuando no fuera así y partieran trenes y autobuses continuamente para todos los rincones del norte de Escocia, sólo en auto se tiene acceso a lugares perdidos en los bosques y a aldeas de diez casas, con más "hory cuws" (tal cual suena en acento escocés) que habitantes humanos.

Una excelente opción para viajeros con espíritu de aventura y bolsillos estrechos es alguno de los innumerables tours que se ofrecen en los distintos Youth Hostels de Edinburgh. Generalmente incluyen una o dos noches de alojamiento, guía y la posibilidad de apretarse en una van con viajeros de todo el mundo. Suelen oscilar entre cincuenta y ochenta libras, dependiendo de la duración y la época del año. Un clásico es el "Blue Banana Tour", disponible, por ejemplo, en el High Street Hostel (Tel.: 0131 5573983) o en el Royal Mile Backpackers (Tel.: 0131 5576120). .

La ruta
Partiendo desde Edinburgh el primer sitio de interés se encuentra a un par de horas de manejo. Se trata de las Ruthven Baracks, un lugar en medio de la pradera ondulada, que sirvió a fines militares en el pasado y que hoy se conserva como muestra de la arquitectura tosca pero fuerte de los Highlands.

CrovieSe trata apenas de unas ruinas en medio de la campiña, abandonadas, pero es el primero de los lugares fantásticos de Escocia. En medio de esas paredes se escuchan los ecos del viento, lo que sirve para que alguien alguna vez, como debe ser, haya inventado alguna historia de fantasmas y almas en pena.

Muy cerca de allí se encuentra un cementerio con una historia de más de mil años. Al igual que las Ruthven Baracks, no es un lugar donde todo deba percibirse con la vista solamente, aunque sirve perfectamente como ejemplo de las construcciones y los ritos funerarios de los antiguos highlanders.

Siguiendo un poco por el camino angosto y serpenteante a través de los montes Cairngorm, manejando entre ciervos que se cruzan y castillos que aparecen a la vuelta de cada curva, se llega a un curso de agua ignoto en lo más alto de estas elevaciones. Esto tiene un significado especial: todo el que vive al norte de este punto se considera a sí mismo un "Highlander", con todo lo que ello significa.

Ahora sí. Ahora puede decirse que uno ha llegado a la verdadera Escocia. A la parte del país que le da su identidad, que lo envuelve en un halo de misterio y que lo hace tan particular. Ahora uno puede regresar diciendo que ha sentido la identidad de los Highlands.

Inverness
Enclavada en la parte norte del "Great Glen", esta ciudad que ha pasado por invasiones y rebeliones a lo largo de los siglos es hoy la capital de los Highlands.

Apenas llegando, la primera vista que impacta es la del imponente Castle Wind. El castillo suele estar cerrado en invierno, aunque es hermoso verlo desde afuera. Ahí mismo funciona una oficina de turismo y un centro de reservaciones.

Debido a que conseguir hospedaje no siempre es tarea fácil en los pueblos de los Highlands, Inverness cuenta con un sinnúmero de opciones para pasar la noche, desde albergues juveniles hasta hoteles de categoría. Si se cuenta con varios días, bien puede usarse como punto de partida para las excursiones por el interior.

No es Inverness una ciudad que se destaque por sus obras de arte ni por sus construcciones majestuosas. Al igual que toda esta parte del mundo, es un lugar donde es más lo que se siente que lo que se ve. Las sensaciones le ganan a los sentidos.

Igualmente, sería una picardía llegar hasta aquí y no dedicar un día entero, o una buena parte de él, a meterse por sus calles y a saborear su espíritu.

Isla de Skye
Isla de SkyeCruzando el país a lo ancho, lo que no demanda más de una hora en esta latitud, se llega a Kyle of Lochalsh, una villa donde aún hoy puede escucharse el gaélico escocés en algún rincón de sus calles y comprarse periódicos en ese idioma. De allí son apenas diez minutos de ferry hasta Kyleakin, la más pintoresca de las veintitantas aldeas de la Isle of Skye. Aquí ya no pueden usarse las palabras para describir. Todo lo que pueda decirse será invariablemente insuficiente. El frío penetrante, la llovizna eterna, los cielos de un gris perfecto y las montañas de un contorno etéreo hacen que toda Skye sea un lugar irreal. No puede existir tanta belleza concentrada en un solo paisaje. Tanto aire remoto ni tanta alquimia flotando.

A metros del atracadero está uno de los pocos pubs y el único hotel de la isla. Es casi un rito sentarse en una de las mesas de madera centenaria para degustar algún plato típico junto al fuego acompañado por una cerveza espesa o un áspero whisky artesanal. Sí... en Skye existen varias fábricas artesanales de estos brebajes, y la única de las gaitas hechas a mano que subsiste en toda Escocia.

En la isla hay buenos caminos, por supuesto, pero si el tiempo lo permite lo ideal es la bicicleta. En muchas de las pocas casas de Kyleakin se alquilan por unas libras al día. Es que el ruido de un motor es algo demasiado intruso. Pedaleando entre inexorables riscos uno no encuentra nada discordante entre el paisaje y el alma.

Stirling y más allá...
Volviendo hacia Inverness por la ruta del norte lo primero que asombra es la perfecta forma del Eirean Donan, el castillo más fotografiado de Escocia, el que hizo famosos a los habitantes de este norte gracias a la célebre "Highlander", filmada en sus gargantas. La mejor vista se obtiene desde lejos. Quizá porque sólo desde lejos puede apreciarse el aura.

Se dice que el clan Donan aún maneja el castillo, lo que hace que visitarlo no siempre sea posible. Cuando lo es, la entrada cuesta tres libras. En una habitación sobre el lago está el infaltable "souvenirs shop", paso obligado y justificado. Es que no todos los días se tiene la posibilidad de comprar un pedazo de leyenda, por más que suene a fetiche.

Siguiendo sobre el borde del lago (un tal Loch Ness), a pocos kilómetros, está el Urquhart Castle. Hoy en día son apenas unas ruinas informes lo que queda de él, pero por otras tres libras uno puede darse el gusto de asomarse por la misma ventana donde un monje de principios de siglo tomó aquella famosa foto de "Nessie", en la cual se ve un cuello emergiendo de unas aguas brumosas.

Stalker CastleContrariamente a lo que se pueda creer, no es tan difícil asimilar que Nessie existe, viendo el marco donde su historia se desarrolla. Si hay algún lugar que un ser irreal elegiría para establecerse, ése sería este Loch de los Highlands. Aquí el monstruo no desentona, sino que es sólo un componente más de la atmósfera inverosímil que lo rodea. Los intrusos somos nosotros, los humanos. Somos seres de carne y hueso en una tierra de fantasía. Es recomendable tomarse un descanso ahora. Volver a Inverness o a donde sea que uno pueda encontrar una cama caliente y descansar. Al día siguiente la recorrida sigue, y las imágenes empiezan a sucederse vertiginosamente. La capacidad de asombro se va perdiendo, pero no la de soñar.

El Loch Ness Exhibition Centre, Meca del consumismo y la parafernalia, con monstruo a escala incluido para tomarse fotografías, es un lugar por que el que vale la pena pasar. Glencoe, un villorrio de seis casas con el curioso récord de ser el lugar más lluvioso de Europa, a razón de trescientos treinta días al año, es otro lugar de ensueño.

Campbell CastleEn el único B&B-pub-restaurante-souvenir shop del lugar se ofrecen comidas típicas artesanales. Éste cuenta con amplísimas ventanas y más vacas de pelo rojizo pastando en los corrales. Ellas son parte de la decoración del lugar. No se podría imaginar algo más típico.

El caprichoso monte Ben Nevis, el pico más alto del Reino Unido, y el más invisible. Una montaña envuelta en nubes eternas. Es imposible verla, pero el que pasa por ahí podrá asegurar que la ha percibido con algún otro sentido, sin dudas.

El Loch Linnhe, un espejo en medio de los riscos, con aguas tan serenas que crean un efecto de confusión de formas y líneas muy particular. Se pierde la noción de donde termina el suelo y empiezan las montañas.

Stirling, ciudad histórica, cuna de batallas heroicas y del nacionalismo escocés. Tal vez la más escocesa de las ciudades de Escocia. El Stirling Castle, con sus paredones de piedra, en lo más alto de la colina que domina la ciudad. Dicen que hay que llegar ahí al atardecer y pararse sobre las barandas de la entrada. Ahí uno se siente único y pleno. Los ojos se pierden en el infinito. Se ven lagos, montañas, aldeas, ríos y cielos color plomo. En un solo golpe de vista pueden tenerse a mano kilómetros de paisaje. En pocos lugares del mundo puede tenerse esa sensación de grandeza, o de pequeñez.

Y el camino sigue, y las formas grotescas pero únicas empiezan a parecer familiares. Y la ruta se hace angosta, y los sentidos empiezan a ser insuficientes para captar todo. Uno desearía quedarse a vivir en cada rincón de Escocia, pero costaría años decidirse por uno. El espíritu de los Highlands empieza a darle paso al de los Lowlands, llegando a Edimburgo o Glasgow. Ya nada será lo mismo. Después de bajar desde esa latitud perdida, el corazón vuelve alimentado, acelerado al máximo, henchido de satisfacciones.

Porque el origen de Escocia se pierde en algún vericueto de la historia. No hay un fundador, un creador de la nación, un emblema. Será, seguramente, algún dios celta el culpable de tanta belleza. No importa. Sea quien sea, el que concibió este país de gigantes y neviscas eternas y lo colgó de esta isla, quizá haya sido Dios, sí, pero tenía alma de poeta.

 
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