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Aventura en la Forida - 7 días
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Cinco
opciones para disfrutar en familia. Cinco pretextos para
comenzar a armar las valijas.
Orlando.
Cuando la diversión se hace realidad
Posiblemente
Walt Disney no imaginó, cuando en 1971
abrió las puertas del Magic Kingdom,
que ese mismo día estaba generando en
Orlando el mayor centro
vacacional del mundo para disfrutar
en familia. Lo cierto es que con el
paso vertiginoso e implacable del tiempo
llegaron el Sea World Orlando,
que se instaló en 1973, la expansión
del Walt Disney World
y el arribo a la ciudad en 1990 de la
compañía Universal Studios Florida.
La
historia de esta ciudad vinculada al
mundo de la diversión había comenzado
algunas décadas atrás, cuando en 1895
las grandes heladas devastaron las plantaciones
de naranjas de la ciudad que había crecido
alrededor de una base militar –Fort
Gatlin–. Empujado por la crisis, un
industrioso agricultor de cítricos,
John B. Steinmetz, convirtió su empacadora
en una pista de patinaje sobre hielo,
agregó facilidades para días de campo
y construyó un tobogán que desembocaba
en los manantiales.
Si
bien en Orlando existen más de 80 atracciones
para grandes y chicos, el mundialmente
famoso gigante del entretenimiento –Walt
Disney World– es el que conserva un
lugar de privilegio en este mundo de
fantasía junto con Universal y Sea World.
The
Magic Kingdom es, seguramennte,
el parque más famoso y conocido de Walt
Disney World. Cuenta con 41 atracciones
principales dentro de sus 40 hectáreas
de terreno. Dividido en siete países,
cada uno presenta increíbles espectáculos,
restaurantes con todo tipo de comida
y tiendas, todo basado en los temas
favoritos de Disney: el pasado, el futuro
y la fantasía. Recientemente, Magic
Kingdom inauguró su nueva atracción
en Tomorrowland, Buzz Lightyear’s
Space Ranger Spin. Se trata
de una continuación de la película Toy
Story, donde los visitantes, armados
con láser infrarrojos, unen sus fuerzas
a las de Buzz Lightyear en una aventura
interactiva para defender la provisión
de baterías de la tierra luchando contra
Zurg, el emperador malvado.
Los
amantes del circo no pueden dejar de visitar
el Cirque Du Soleil.
Ubicado en el Downtown Disney West Side,
presenta una célebre combinación de acrobacias
y efectos especiales, con más de 60 artistas
de nivel internacional. El teatro tiene
capacidad para 1.600 personas y hay dos
funciones diarias de miércoles a domingo.
El
Disney’s Animal Kingdom
es el nuevo parque temático, de 200
hectá- reas de extensión, donde se aprecia
la vida salvaje en su ambiente natural,
desde los antepasados hasta donde la
imaginación le permita. Los visitantes
podrán elegir embarcarse en diferentes
aventuras dentro del parque, ya sea
en bote, a bordo de un jeep-safari o
a pie.
A
fines de marzo último, Disney’s Animal
Kingdom abrió las puertas de su quinta
alternativa, Asia, donde se puede experimentar
un inolvidable viaje en canoa por rápidos
repletos de aventuras.
Si
después de desandar los rápidos de Asia
todavía quedan ganas de vivir más emociones
fuertes, es ideal darse una vuelta por
el Disney-MGM Studios Theme Park,
donde se puede experimentar una caída
libre de 13 pisos dentro de un elevador
de The Twilight Zone Tower of Terror.
Otro de los centros que no se puede dejar
de visitar es el Epcot,
que ofrece a sus visitantes un viaje por
11 países del mundo en su área del World
Showcase o un viaje al futuro en Future
World.
Disney
cuenta con tres parques acuáticos: el
Blizzard Beach (sus
19 juegos acuáticos basados en temas
de deportes de invierno incluyen el
Summit Plummet, una
caída libre de 36 metros de profundidad
y una pista de trineo de 360 metros);
el River Country (con
toboganes, columpios sobre agua, toboganes
de aguas salvajes, piscinas para niños
y adultos, una playa con arena blanca
y un camino rodeado de naturaleza) y
el Typhoon Lagoon,
que ofrece la oportunidad de bucear
en lagunas, además de la piscina con
las olas más grandes del mundo para
surfear, un área de piscinas y toboganes
para niños, fuentes y cascadas.
Un mundo aparte
Universal
Estudios Escape es un complejo
vacacional que se construyó junto al
Universal Studios Florida, y que por
supuesto incluye este sorprendente parque
temático y el Universal Studios Citiwalk.
Recorriendo sus instalaciones los visitantes
podrán formar parte, aunque más no sea
por unos breves segundos, del mundo
del espectáculo. Casi como si se tratara
de una película de ciencia ficción se
puede ingresar al corazón de las inolvidales
Terminator 2 en 3-D, Back to the Future
o Twister donde el público, igual que
en la exitosa cinta cinematográfica,
vibrará a escasos metros del impresionante
tornado que con su fuerza devastadora
arrasa con una pequeña ciudad.
Quien
no quiera hacer un viaje al futuro en
este mundo donde todo es posible, puede
sumergirse en la excitante experiencia
de caer por túneles volcánicos en llamas
mientras atraviesa el pasado, el presente
y el futuro. Casi sin darse cuenta,
uno se convierte en voluntario del doctor
Brown, capaz de arrastrarnos en una
carrera loca desde la edad de hielo
hasta el año 2015.
Sea
Wolrd Orlando es el parque
marino más popular del mundo, con una
gran variedad de shows dentro de sus
90 hectáreas, además de juegos y exhibiciones
con osos polares, ballenas asesinas,
belugas, manatíes, focas, pingüinos,
delfines, tiburones y mucho más.
Para comprar
y comprar
Con
más de 3,5 millones de metros cuadrados
de área de compras, y en expansión, Orlando
es el sitio de shopping con mayor crecimiento
de los Estados Unidos.
El
destino ofrece una gran variedad de opciones
que incluyen desde lo último en electrónica
y moda hasta joyería fina y galerías de
antigüedades. Hay siete centros comerciales
regionales que ofrecen la conveniencia
de encontrar tiendas departamentales y
boutiques, todo bajo un mismo techo.
Florida Mall terminó
el último julio su renovación, con un
costo de u$s 70 millones. Su expansión
culminará en los próximos meses en los
que le agregarán 54.000 metros cuadrados
de espacio. Old Town Shopping,
Dining and Entertainment Atraction
tendrá como novedad la inauguración
de Sun Etc, un negocio
de venta de anteojos para sol de las
marcas mundialmente famosas como Ray-Ban,
Guess y Killer Loop. Este complejo de
entretenimientos también incluirá The
Sock Exchange, que ofrece una
amplia variedad de medias para cada
miembro de la familia. Pointe
Orlando cuenta con un sinfín
de firmas importantes como Victoria’s
Secret, Denim Place, Banana Republic,
Aber- crombie & Fitch y Armani Exchange.
Palm
Beach y Miami. No al aburrimiento
Cuenta
la leyenda que una vasija llena de oro
se encuentra en el extremo del arco
iris que aparece en Palm Beach.
Tal vez por eso, lo mejor de todo sea
la marca registrada de este condado
que se enorgullece de ofrecer, además
de casi 80 kilómetros de playas beneficiadas
por la Corriente del Golfo –más próxima
que en cualquier otro lugar del continente–,
1.100 canchas de tenis, 145 campos de
golf y la posibilidad de elegir propuestas
recreativas y culturales para toda la
familia.
Hacia el sur, Boca Ratón
evolucionó a través del estilo mediterráneo
impuesto por el arquitecto Addison Mizner.
Así surgió el escenario, basado en la
abundancia de lujo y riqueza, que es
la impronta del condado.
¿Qué
hacer aquí? Los amantes del sol tal
vez quieran empezar y terminar la jornada
en la playa, practicar buceo y windsurf,
o atreverse a volar en parapente. Sin
embargo, también pueden disfrutar de
excursiones en canoa y balsa por el
histórico río Loxahatchee, pescar en
alta mar, aventurarse en los Everglades
o pasear por la Intercoastal
Waterway a bordo de un típico
barco del Mississippi.
En cambio, si se busca un programa cultural
el circuito debe incluir desde el Kravis
Center for the Performing Arts,
en West Palm Beach, la renombrada Gallery
of Art y el Boca Raton
Museum of Art, hasta las fascinantes
exposiciones japonesas en el Morikami
Museum and Gardens, en Delray
Beach.
La
hora del crepúsculo es la señal de apertura
de restaurantes, bares, cafés y discotecas
en Clematis Street, en el centro de
West Palm Beach, y en Atlantic Avenue,
en Delray Beach, donde la diversión
es interminable y se va trasladando
a las playas cuando el sol empieza a
aparecer. Los rumores aseguran que es
la hora de encontrar la vasija de oro
en algún lugar de Palm Beach.
Un mosaico
deslumbrante
Cada
rincón de la ciudad y sus playas son
piezas incomparables que al unirse forman
un mosaico deslumbrante de lugares,
sonidos y culturas. Al explorarlo, tal
vez se pueda llegar a conocer la verdadera
esencia de Miami. Situada
en el extremo meridional de Miami Beach,
el área de South Beach,
conocida desde hace poco más de una
década como la Riviera de América, conserva
la colección arquitectónica
de art déco más grande del mundo. Con
sus colores pastel y estilizadas líneas
aerodinámicas, el distrito es el escenario
actual de uno de los barrios más excéntricos
y de moda en el mundo. Aquí, hoteles
cinco estrellas comparten las calles
bordeadas de palmeras con hosterías
para la juventud; la gente se reúne
en bares para discutir sobre espectáculos
y política, mientras que modelos insinuantes
posan en medio de Ocean Drive
y prestigiosos chefs preparan platos
que sorprenden al comensal más exigente.
En
South Beach se puede ir caminando a
todas partes; por lo tanto, los autos
no son necesarios y en la playa, de
16 kilómetros de largo, no hay que ingeniárselas
para conseguir espacio. Pocos kilómetros
al norte se encuentran Surfside,
Bal Harbour y Sunny Isles,
que con su atmósfera más tranquila y
apacible se convirtieron en lugares
predilectos para vacaciones en familia.
Bayside
Marketplace, en el centro de
Miami, concentra un sinnúmero de boutiques,
restaurantes y atracciones, como el
Hard Rock Café. Desde aquí salen embarcaciones
turísticas y también water-taxis, en
las que se puede ir a hoteles ubicados
a orillas del mar o cruzar a Miami Beach.
Coconut Grove fue construida
por artesanos traídos de las Bahamas,
y esas raíces aún se evidencian en casas
estilo caribeño, jardines tropicales
y bulliciosas marinas. Coral
Gables –la ciudad hermosa–
fue diseñada por George Merrick en la
década del 20. Sus mansiones, que parecen
copiadas del Mediterráneo, se extienden
en forma irregular por calles que llevan
nombres muy españoles, igual que la
sinuosa red de vías acuáticas donde
hay yates anclados cuyos valores están
al alcance de muy pocos.
En este mosaico de historia, razas y
cultura, Little Havana
y Little Haiti, como
típicos enclaves étnicos, están invadidos
por el optimismo de sus inmigrantes.
En el primero, el fuerte aroma del café
cubano impregna el aire y el dulce jugo
de caña de azúcar puede beberse recién
preparado; en el segundo, mercados al
aire libre están abarrotados de frutas
exóticas y condimentos, con la mejor
y cadenciosa música haitiana de fondo.
Por
eso, a Miami hay que disfrutarla plenamente,
con esa actitud relajada de vivir y
dejar vivir, más allá de sus playas
y sus shoppings.
Naples.
El encanto de ser única
Faltan
15 minutos para las 6 y el atardecer
se anuncia espectacularmente anaranjado
sobre el horizonte. Estén donde estén,
todos –absolutamente todos, vestidos
impecablemente– toman sus copas y se
ubican de manera tal que puedan ver
el sol morir lentamente sobre el golfo
de México.
Tal
vez haya una fiesta. O no. Quizá se
esté por organizar alguna celebración
aquí mismo, en la playa cálida de arena
molesta que se empecina en ir donde
uno vaya. Es posible. En Naples
todo es posible. Desde asistir cada
tarde a un ágape frente al mar y jugar
interminables partidos de golf, hasta
recorrer intrincados canales en busca
de la aventura perdida. Eso sí, todo
con mucho nivel; no por nada es la ciudad
más sofisticada de la Florida. Y la
que ostenta dos orgullos: figurar invariablemente
cada año en el ranking de las mejores
playas del mundo y contar con el título
de capital del golf del planeta. Dos
méritos totalmente merecidos.
En
cuanto a las playas, Delnor -
Wiggins Pass y Calm Pass, situadas
hacia el norte, son las más recomendables.
En cualquiera de ellas, una reposera,
protector solar (la ciudad tiene 365 días
brillantes) y cierto placer por no pensar
en nada, suele ser suficiente para ver
cómo se desvanecen las horas y los rayos
del sol.
Y el golf, que en Naples sí es pasión
de multitudes, tiene su ámbito natural
y merecido. Las 53 canchas distribuidas
armoniosamente de norte a sur y de este
a oeste, la convierten en la ciudad
más golfística de los Estados Unidos.
Entonces, si uno pisa las calles desprevenido
de esta información, habrá que estar
atento a los avatares de los links,
y si la oportunidad lo exige, probar
suerte en alguno de los hoyos.
La ciudad vieja
Dicen
que Naples es la ciudad preferida de
las estrellas hollywoodenses que deciden
descansar en la Florida. Por eso, a
no asombrarse si uno se cruza –de pronto
y sin previo aviso– con alguna celebridad
caminando por la Fifth Avenue (sí, claro,
como en New York) del Old Naple,
la parte más antigua de la metrópoli.
Por
ahí, abundan las galerías de arte, antiquísimas
casonas, y bares y restaurantes a la
vera de las tranquilas calles con mesas
y sillas al aire libre. Ideal (también)
para sentarse y contemplar cómo pasa
la vida en un sitio donde vale la pena
vivir. Y gastar plata, si es que se
dispone. Si no, mejor abstenerse y sólo
mirar vidrieras. Aunque si se prefiere
conocer todo de un tirón, la mejor opción
es hacer un city-tour en los trolley,
ómnibus de colores fácilmente reconocibles
que tienen paradas en varios hoteles.
Mientras
el paisaje se va perdiendo en la lejanía,
el guía –que a la vez es conductor o
viceversa– con voz pausada, cuenta la
historia de varios de los sitios recomendables:
algunas de las 87 iglesias, el Country
Club, uno de los hoteles más
lujosos, el Ritz Carlton, y muchisímos
etcéteras más. La ventaja de hacer este
recorrido es que uno puede bajarse donde
quiera y comenzar a caminar por las
suyas. Porque en Naples, se camina o
se anda en auto. Las distancias entre
un lugar y otro suelen ser enormes y
el ejercicio puede llegar a ser un suplicio.
Todo depende del calor.
Una
excursión para no perderse –y que puede
hacerse en el día– es al Parque
Nacional Everglades, situado
a una hora en auto de Naples. Allí,
en ese estuario donde conviven más de
170 especies de animales y 120 tipos
de vegetación, uno puede verse de pronto
cara a cara con un cocodrilo o descubrir
alguna de las 400 exóticas aves que
se refugian entre los árboles. Eso sí,
hay que ir prevenido: vestido con ropa
clara, pantalones largos y livianos
y camisa –también liviana, por supuesto–
de mangas largas. Y en la parte del
cuerpo que queda expuesta, mucho repelente.
No se arrepentirá.
De
nuevo en Naples, una ducha y a comenzar
a planear dónde terminar la noche. Porque,
a pesar de todo, las horas pasan de
prisa en esta apacible ciudad. Ahora,
faltan 15 minutos para las 6 de la tarde.
Hay que apurarse. Ir hacia la playa
o a cualquier sitio desde donde se pueda
ver el mar, tomar una copa y volver
la mirada hacia el horizonte. Allí,
el cielo anaranjado anuncia que el sol
morirá nuevamente sobre el golfo de
México. Y uno comprende por qué los
atardeceres de Naples son tan sofisticados,
tanto, como la ciudad misma.
Key
West. Un paraíso bohemio
A
pesar de que a Key West
la descubrieron los españoles en el siglo
XVI, quiso el destino que esta pequeña
isla –la última de los cayos de la Florida–
se convirtiera en el punto más sureño
de los Estados Unidos. Tanto es así, que
ese paraíso de poetas y bohemios está
más cerca de La Habana que de Miami.
El
trayecto rumbo a Key West es digno de
desandar en automóvil. Para llegar, habrá
que atravesar una sucesión de maravillosas
islas unidas entre sí por puentes. El
más impresionante es el de las Siete
Millas que tiene una extensión
de 15 kilómetros de largo.
Una
vez allí hay que relajarse y comenzar
a disfrutar de los placeres que ofrece
la ciudad: una temperatura tropical
durante todo el año, una costa que bañan
las templadas aguas del Golfo
de México y del oceáno Alántico,
una arquitectura de antiguas casonas
en color pastel que datan del siglo
XIX y frondosas arboledas a uno y otro
lado de las calles, apenas transitadas.
Vale
la aclaración: si el visitante va a
Key West en busca de playas espectaculares,
habrá entonces equivocado el destino,
pues la isla carece de una costa para
admirar. Sí encontrará, en cambio, un
poblado atractivo y hospitalario, apacible,
de ánimos salpicados por los cambios
de temporada, lleno de bares y restaurantes
que apenas cae el sol se colman de espíritus
libres que buscan en la cerveza un refugio
para volver a comenzar al día siguiente.
Nada mejor que conocer la isla según
los cánones del lugar. Como suelen decir
ellos mismos, un auto para tal propósito
No way. Y
es lógico: hay que animarse, vencer
las resistencias y montarse a una bicicleta
(se alquilan a la vuelta de cada esquina)
para descubrir rincones mágicos del
lugar que eligió el genial Ernest
Hemingway para pasar los últimos
años de su vida.
Cabe
una anécdota: cuentan que esta decisión
fue fundamental para el futuro de la
isla, ya que a partir del establecimiento
del escritor, llegaron cada año miles
de artistas en busca de la inspiración
perdida en las vertiginosas ciudades.
Sobre
dos ruedas se podrá llegar hasta el
hogar, que en la actualidad funciona
como museo, del ganador del Premio Nobel
de Literatura, situado en el 907
Whitehead St. Un paseo desde
allí permitirá apreciar las casonas
que fueron restauradas y convertidas
en galerías de arte o elegantes tiendas.
Las más importantes se sitúan a lo largo
de Duval, la calle
que esconde una fascinación especial:
nace en el Atlántico y muere en el Golfo
de México. A quién le puede quedar alguna
duda de que se trata de la arteria más
transitada de la isla.
Entre el sol
y la luna
Cuando
el sol cae irremediablemente sobre el
mar, la cita obligada es la plaza Mallory,
donde diariamente se congregan cientos
de lugareños y visitantes para celebrar
un espectáculo de luces y colores naturales.
Claro que también se podrán recorrer
los puestos plagados de artesanos –en
su mayoría centroamericanos– que ofrecen
sus mercancías al mejor postor. Mientras
tanto, cantantes y acróbatas hacen de
las suyas y en- tretienen a todos en
improvisados escenarios con tal de conseguir
unos centavos en sus galeras. Y luego
que el dios Ra cedió el paso a la luna,
la movida de Key West, que hermana a
adolescentes y adultos por igual, se
adueña de las calles. Habrá que estar
preparado para ir emigrando de bar en
bar, puesto que algunos cierran a las
24 y otros, más osados, extienden su
alegría hasta pasadas las 3.
Así,
con lo imprescindible, un puñado de
ilusiones, una bicicleta y ganas de
divertirse, se podrá conocer esta pequeña
isla de características bohemias, con
aroma a mar produnfo y aires de intelectual.
Una isla que se parece en todo y en
nada a otras ciudades de la Florida.
Porque tiene todo lo que a ellas les
sobra y un espíritu de supervivencia
digno de admirar.
Cassadaga.
En busca del relax perdido
Al
llegar, es fácil comprender por qué
Cassadaga se convirtió
en un paraíso para los seguidores del
movimiento New Age o, simplemente, para
los que buscan algo diferente en la
Florida, más allá de los parques temáticos
y de las playas soleadas.
Tranquilidad
y bienestar es la contraseña de esta
pequeña villa fundada en 1894 por George
Colby, quien –según la historia– durante
una sesión de es- piritismo en Nueva
York recibió el men saje de establecer
una comunidad en el sur de los Estados
Unidos. Séneca, su guía espiritual indio,
lo condujo hasta el actual condado de
West Volusia donde
el sueño de Colby se hizo realidad,
ya que Cassadaga –rocas debajo del agua,
en lengua indígena– no es sólo un centro
de prácticas y estudios metafísicos
y religiosos reconocido mundialmente,
sino un destino turístico con propuestas
recreativas y culturales para toda la
familia. A pie o en bicicleta, hay que
recorrer las calles arboladas, oxigenarse
a orillas del lago, abandonar el stress
en sus parques y jardines –que causan
envidia a ecologistas– y planificar
una excursión de pesca o entregarse
al placer de la aromatoterapia o la
meditación.
Otra forma de descubrir la mística del
lugar es compartir con iniciados los
servicios del Colby Memorial
Temple y alternar sesiones
de reiki con conciertos de música New
Age.
Un
breve recorrido en auto conduce a DeLand,
una ciudad que ofrece toda la naturaleza
para familias divertidas: según esta
consigna, podrán organizar sus propias
ecoaventuras. En las orillas del majestuoso
río Saint Johns, que
por su historia y la incidencia que
tiene en el equilibrio ambiental le
valió la flamante nominación de American
Heritage River, se encuentran las mejores
y más didácticas escuelas de ecología.
Entre caimanes, eternos adoradores
del sol, incontables especies de aves
–algunas en peligro de extinción– y
manatíes, conspicuos habitantes de la
Florida–, grandes y chicos encuentran
una manera más grata que las aburridas
enciclopedias para aprender y
concientizarse. El río fue la vía elegida
por los colonizadores que llegaron del
Norte hace más de cien años, y aún hoy
es posible ver ruinas de esos primitivos
asentamientos y tumbas de indios que
datan, según se cree, de fines del siglo
XVIII. Un paseo en barco y una visita
al Pioneer Settlement for the
Creative Arts in Barberville
son insoslayables para conocer cómo
fue esta zona antes que la Florida se
convirtiera en Estado en 1845.
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