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La noble tierra del Whisky
Highlands
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Por
Jorge Benedetti |
Descubrir
el rastro de la bebida escocesa por excelencia obliga a surcar los caminos
de las tierras altas.
Más de 500 años de historia por recorrer, cientos de destilerías
y un origen genuino que se pierde en las turbulentas épocas del
Medioevo.
Philip
Mc Mallman mira a contraluz que los vasos no estén marcados ni con huellas
digitales. Mientras, sonríe y cuenta historias. Como a todo buen hombre
de las Highlands, también a el suelen brillarle los ojos azules y la barba
rubia mal afeitada. Toma una botella y se refiere a ella con la única
palabra en latín que posee en su vocabulario: "aquavitae" (agua de la
vida). Vierte un líquido color oro y escucha con placer los dos hielos
pequeños que se gol pean en el cilindro de cristal.
Nada
para un highlander como el rito de las reuniones, de las cofradías
en las que sobran carcajadas y griteríos. Y el bar que Philip Me Mallman
tiene a su cargo ahora se presta inmejorable para ello. En realidad, es
un grupo entero el que esta entusiasmado. La noche del sábado está instalada
ya en el Perthshire escoces, y todo indica que aquí, por un buen rato,
continuarán con las tres actividades que históricamente prefieren
los habitantes de estas bellísimas tierras altas: sonreír, contar historias
y tomar whisky.
Historia
entre colinas
Los grandes
placeres, está claro, son milenarios. En las colinas de estas islas británicas,
al tiempo que corría el Medioevo tan agitado, entre los monjes mi- sioneros
cristianos y los granjeros de las Highlands descubrieron la manera de
destilar alcohol a partir de la producción de cebada excedente. Eran épocas
de conquistas, y un sabor nuevo significaba por cierto un triunfo interesante.
Evidentemente había algo en esas aguas blandas, que bajaban por las laderas
y fluían a través de la turba, que luego del proceso de fermentado lograba
un gusto y una sensación particular. Lo llamaron aquavitae o rocío de
montañas.
El
whisky es el producto autóctono por excelencia en el interior de Escocia.
Su origen fue humilde y su fortuna cambiante hasta el siglo XVII, cuando
se instaló como bebida común de campesinos y aristócratas. Era el trago
agradable que todo montañés tenía para ofrecer a su visita, aquél
que según dicen daban a los niños en cucharadas para paliar el llanto,
y también la compañía infaltable de los hombres en las noches oscuras
de las Highlands.
El tiempo
fue expandiendo la bebida hacia los cuatro puntos cardinales. En 1777
el fisco calculó que en Edimburgo había ocho destilerías autorizadas y
400 ilegales, aunque el furor con el que se exportaba el whisky hizo que
nada importase. Hoy, las más de 700 millones de botellas que se venden
al resto del mundo por año representan una de las principales remesas
de Gran Bretaña. Estados Unidos, Francia, Japón, España e incluso el Vaticano
encargan partidas millonarias que parten del puerto de Aberdeen, cercano
a las destilerías y a las plantaciones de cebada.
El único sitio al que el whisky en sus principios llegaba con algunas
reticencias fue Londres. Allí seguían prefiriendo el oporto o el coñac,
y no esa bebida donde el criterio personal del desti lador es lo que define
el gusto, hecha por salvajes de montaña, amantes de la risa y los gritos
y poco adeptos a la seriedad londinense.
Acerca
de los favoritos
Existen
dos tipos de whisky: el de
malta, hecho a partir de cebada malteada, y el de cereales, que se prepara
con cebada sin maltear, maíz y una mezcla de otros cereales. Habitualmente
se consume una combinación de ambos tipos (blend), que suelen mezclar
un 40% de malta y 60% de cereales.
Glenfiddish
es la marca que actualmente encabeza la producción de whisky de malta.
Aparte de su distribución para consumo interno, exporta anualmente más
de seis millones de botellas a 185 países. El preferido de los escoceses
es el Glenmorangie,
madurado al menos durante 10 años en las antiguas y chamuscadas barricas
de la zona de Bourbon.
En los
Estados Unidos, el país que más whisky compra a Escocia, el más popular
es The Macallan, elaborado en la zona de Speyside que deja añejar el brebaje
en barriles conservados durante dos años con jerez seco de España, Quienes
gusten de los sabores fuertes deben probar el Glenfarclas; tiene más del
60% de alcohol.
Una
ruta de sabores
Hacia
el norte de la Babia de Forth, a poco de llegar a los montes Grampianos,
las onduladas tierras altas escocesas comienzan a dar abrigo a las destilerías
que descansan entre la paz de las siembras.
La ruta
del whisky inaugura su recorrida a menos de 100 kilómetros de Edimburgo,
en las afueras de Crieff.. Allí, The Glenturrct Distillery, la más
antigua de Escocia, esconde entre sus paredes buena parte de la historia
de esta bebida desde 1775. Aquí las moliendas, las mezclas y el destilado
se realizan en sus diferentes almacenes a la vista de quien quiera contemplar.
En el local para la recepción de turistas, detrás de una impecable
vitrina de cristal, se ostenta impúdica una botella de 25.000 libras esterlinas
(45.000 dólares) a la venta.
No
muy lejos, en la victoriana localidad de Pitlochry, se encuentra The Edradour,
la más pequeña y pintoresca de las destilerías británicas. De producción
limitada, permite los procesos mas artesanales, pudiendo seleccionar muy
cuidadosamente
la cebada y controlando las diferentes etapas prácticamente de manera
personal. A pocos kilómetros vale la pena visitar a orillas del río Tummel
otra auténtica destilería del sigo XVIII: Bell's Blair Athol.
La autopista
A9 sigue trepando hacia el norte, surcando el corazón de Escocia. En las
empinadas laderas grampianas, la destilería de Dalwhinnie parece perdida
entre tanta naturaleza. Los campesinos de los alrededores aseguran que
sus plantaciones mejoran cuando de los galpones de la Dalwhnnie se escapa
el whisky evaporado. Cerca de allí, en Aviemore, las opciones se dividen
entre la ciudad de Inverness (siguiendo por la A9) y la zona de Speyside
(por la A95). En las afueras de Inverness las Highlands del noroeste ubican
sus destilerías sobre la costa. La más interesante para visitar es la
Glen Ord Destillery, vecina a la Bahía de Moray. Otras, como la Clynelish
o la Talisker, se estiran en zonas más desoladas, ofreciendo sus dram
en un entorno de imponente naturaleza.
El Speyside
escocés, al este de la bahía, es la más rica de las regiones en lo que
hace a vegetación. El río Spey, como un pasillo que cala los bosques,
presta su cauce a más de la mitad de las destilerías del país. Glen Crant,
Cardhu, Speyside Cooperage, Glenlivet; almacenes antiguos, barriles gastados
cerrados herméticamente y alambiques dorados son los adornos que se reiteran
en estas casas bajas del siglo XIX. A poco de llegar a las costas del
Mar del Norte, se puede visitar Strathisla Distillery, fundada en 1786,
famosa desde el lanzamiento al mercado de su hijo preferido, el Chivas
Regal.
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